30/03/2022
La llegada de un bebé trae consigo un mundo de alegría y, por supuesto, la preocupación natural por su salud y desarrollo. Entre los posibles padecimientos que pueden afectar a los recién nacidos, la Displasia del Desarrollo de la Cadera (DDC) es una condición ortopédica que merece especial atención. Comprender qué es, quiénes tienen mayor riesgo y, sobre todo, cómo detectarla a tiempo, es fundamental para garantizar el bienestar a largo plazo de los pequeños.
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Este término médico se refiere a una alteración en la formación de la articulación de la cadera, específicamente en la relación entre el acetábulo (la cavidad de la pelvis que alberga la cabeza del fémur) y la cabeza del fémur. Cuando el acetábulo no se desarrolla correctamente o la cabeza del fémur no está bien posicionada dentro de él, hablamos de DDC. Este padecimiento puede presentarse en diversos grados de severidad, lo que influye directamente en su detección y tratamiento.

- ¿Qué es la Displasia del Desarrollo de la Cadera?
- ¿Quiénes Tienen Mayor Riesgo de Padecerla?
- ¿Cómo Detectar la Displasia de Cadera Infantil? Signos y Síntomas
- Diagnóstico de la Displasia de Cadera
- ¿Qué Sucede si la Displasia no se Detecta Temprano?
- Preguntas Frecuentes sobre la Displasia de Cadera Infantil
- Conclusión: La Importancia de la Vigilancia y la Detección Temprana
¿Qué es la Displasia del Desarrollo de la Cadera?
Como mencionamos, la Displasia del Desarrollo de la Cadera no es una única condición, sino un espectro de anormalidades que afectan la articulación de la cadera en desarrollo. En esencia, implica que el acetábulo, que idealmente debería ser una cavidad profunda y bien formada para contener la cabeza redondeada del fémur, presenta alguna anomalía. Esto puede ir desde una ligera falta de profundidad o una orientación incorrecta hasta una completa dislocación de la articulación.
Se identifican principalmente tres variantes o grados de severidad:
- Luxación completa de la cadera: En este caso, la cabeza del fémur se encuentra completamente fuera del acetábulo. La articulación está dislocada.
- Subluxación de la cadera: Aquí, la cabeza del fémur no está completamente fuera del acetábulo, pero tampoco está centrada correctamente. Parte de ella está dentro de la cavidad, mientras otra parte está fuera o a punto de salirse.
- Displasia acetabular: Esta es quizás la forma más sutil y, según la información proporcionada, bastante frecuente en ciertos países y grupos poblacionales (particularmente en la raza blanca). No implica necesariamente que la cabeza del fémur esté fuera de lugar, sino que el acetábulo en sí mismo tiene una forma anormal. En lugar de tener una orientación vertical que cubra adecuadamente la cabeza del fémur, puede estar horizontalizado o ser demasiado superficial, lo que lo hace menos capaz de contener la cabeza del fémur a medida que el niño crece y comienza a caminar.
La displasia acetabular es especialmente relevante porque, si no se detecta y trata a tiempo, puede llevar a problemas articulares significativos en la adolescencia o edad adulta, como artrosis precoz, debido a la carga inadecuada sobre la articulación.
¿Quiénes Tienen Mayor Riesgo de Padecerla?
La DDC no afecta a todos los bebés por igual. Existen ciertos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que un niño la desarrolle. Es crucial que los padres y profesionales de la salud estén al tanto de estos factores para realizar una evaluación más dirigida y, si es necesario, pruebas de detección.
Uno de los datos más llamativos es la diferencia en la incidencia entre sexos: la displasia de cadera es significativamente más común en niñas que en niños, con una proporción de aproximadamente 8 a 1. Aunque no se comprende completamente por qué, se cree que las hormonas maternas que relajan los ligamentos durante el embarazo pueden influir más en las caderas de las niñas.
Además del sexo, la genética juega un papel muy importante. Si uno o ambos padres, o algún familiar cercano (hermanos, tíos, abuelos), tuvieron displasia de cadera, el riesgo para el bebé aumenta considerablemente. En estos casos, se recomienda un seguimiento especial y pruebas de imagen tempranas, como un ultrasonido antes de los tres meses o una radiografía después de los tres meses de edad.
Otros factores de riesgo relacionados con el embarazo y el parto incluyen:
- Primer embarazo: Los bebés del primer embarazo tienen un riesgo ligeramente mayor. Se cree que esto podría deberse a que el útero materno es más firme y limita más el espacio para el movimiento del feto.
- Oligohidramnios: Esta condición se refiere a tener una cantidad insuficiente de líquido amniótico durante el embarazo. El líquido amniótico permite que el bebé se mueva libremente; una cantidad reducida puede limitar estos movimientos, incluyendo el de las caderas, lo que podría afectar su desarrollo.
- Presentación pélvica (de nalgas): Cuando el bebé se presenta de nalgas al final del embarazo o durante el parto, las caderas están flexionadas y a menudo pegadas al abdomen materno, lo que puede ejercer presión y limitar su posición, aumentando el riesgo de DDC. En estos casos, está indicado realizar un ultrasonido de cadera después del nacimiento.
Estadísticamente, también se sabe que la displasia unilateral (en una sola cadera) es más común que la bilateral (en ambas). Cuando es unilateral, la cadera izquierda es la afectada en la mayoría de los casos (67%), mientras que la derecha lo es solo en el 6%. El 27% restante corresponde a casos bilaterales.
La displasia de cadera no es una condición rara; de hecho, en países como México, es la segunda causa más frecuente de internamiento en hospitales de ortopedia pediátrica, lo que subraya la importancia de su detección y manejo.
¿Cómo Detectar la Displasia de Cadera Infantil? Signos y Síntomas
La clave para un tratamiento exitoso y menos invasivo de la DDC es la detección temprana. Idealmente, se busca identificar la condición en los primeros meses de vida, cuando las caderas son más flexibles y responden mejor a tratamientos no quirúrgicos. Los padres y los pediatras juegan un papel vital en esta etapa.
La detección comienza con un examen físico minucioso realizado por el pediatra en cada revisión de rutina del bebé. Hay ciertos signos que pueden indicar la presencia de DDC:
- Limitación al abrir las piernas (abducción): Uno de los signos más clásicos se observa al cambiar el pañal. Al intentar separar suavemente las piernas del bebé y llevar las rodillas hacia los lados (movimiento de abducción con las caderas flexionadas), puede notarse que una cadera no se abre tanto como la otra, o que hay una resistencia anormal al movimiento.
- Sonido de clic o 'clunk' (signo de Ortolani o Barlow): Durante el examen físico, maniobras específicas realizadas por el médico pueden provocar un sonido o sensación de 'clic' o 'clunk' cuando la cabeza del fémur se sale o vuelve a entrar en el acetábulo. El Doctor Galván, Jefe de enseñanza y encargado de la clínica de cadera del Hospital Shriners México, menciona este signo como una posible señal al cambiar el pañal. Es importante notar que no todos los clics son patológicos, pero sí requieren una evaluación más detallada.
- Asimetría de pliegues cutáneos: Al observar al bebé acostado boca abajo, puede notarse que los pliegues de la piel en los muslos o glúteos no son simétricos. Una cadera dislocada o subluxada puede hacer que los pliegues de ese lado parezcan más profundos o en una posición diferente a los del lado opuesto.
- Diferencia en la longitud de las piernas: Aunque menos obvio en recién nacidos, en bebés un poco mayores con DDC unilateral, una pierna puede parecer ligeramente más corta que la otra.
Estos signos son cruciales y deben ser evaluados por un profesional de la salud. Si se detecta alguno de ellos, o si el bebé presenta factores de riesgo importantes (historia familiar, presentación pélvica, etc.), se procede a la confirmación del diagnóstico mediante pruebas de imagen.
Diagnóstico de la Displasia de Cadera
El método diagnóstico de elección depende de la edad del bebé debido a la diferente composición de los huesos y cartílagos.
- Ultrasonido (antes de los 3-4 meses): En los primeros meses de vida, gran parte de la articulación de la cadera todavía es cartílago, que no se ve bien en las radiografías pero sí en el ultrasonido. El ultrasonido de cadera es una herramienta diagnóstica muy eficaz y no invasiva en esta etapa. Permite visualizar la forma del acetábulo, la posición de la cabeza del fémur y medir ángulos específicos que indican el grado de displasia. Países desarrollados y otros como Chile han implementado el ultrasonido de cadera como parte del protocolo de detección universal al nacer, lo que ha resultado en una disminución significativa de cirugías posteriores al permitir diagnósticos muy tempranos.
- Radiografía (después de los 3-4 meses): A medida que el bebé crece, los huesos se van osificando (endureciendo) y la radiografía se convierte en el método de imagen más útil. A partir de los tres o cuatro meses, la radiografía de pelvis permite evaluar la estructura ósea de la cadera y confirmar el diagnóstico de DDC. En Chile, por ejemplo, se incluye una orden para radiografía de cadera en la cartilla de salud del recién nacido como medida preventiva.
La combinación de un examen físico cuidadoso y las pruebas de imagen apropiadas para la edad permite realizar un diagnóstico preciso.
¿Qué Sucede si la Displasia no se Detecta Temprano?
Desafortunadamente, no todos los casos se diagnostican en los primeros meses. Cuando la DDC no se identifica a tiempo, los signos iniciales pueden pasar desapercibidos, y el problema se vuelve evidente cuando el niño comienza a caminar. En el Hospital Shriners, se comenta que los pacientes llegan en etapas más tardías cuando el diagnóstico ya es obvio por la forma en que caminan.
Los signos de displasia de cadera en niños que ya caminan incluyen:
- Claudicación (cojera): El niño cojea al caminar, a menudo inclinando el tronco hacia el lado afectado para compensar la inestabilidad de la cadera.
- Marcha de “patito” o anadeante: Si la displasia es bilateral (en ambas caderas), el niño puede caminar con las piernas separadas y un movimiento de balanceo lateral, similar al andar de un pato.
- Limitación de movimiento persistente: La dificultad para abrir las piernas sigue presente.
El diagnóstico tardío (después de que el niño empieza a caminar) suele implicar que la articulación ya ha sufrido cambios más significativos, lo que a menudo requiere tratamientos más complejos y prolongados, incluyendo cirugías.
Preguntas Frecuentes sobre la Displasia de Cadera Infantil
Abordemos algunas de las dudas comunes que surgen sobre este tema:
¿Cómo saber si un bebé padece displasia de cadera?
La forma de saberlo con certeza es mediante la evaluación de un profesional de la salud. El pediatra realizará un examen físico buscando signos como limitación en la apertura de las piernas, asimetría de pliegues o un posible clic en la cadera. Si hay signos sospechosos o factores de riesgo presentes, se confirmará el diagnóstico mediante un ultrasonido (antes de los 3-4 meses) o una radiografía (después de los 3-4 meses).
¿Cuál es el mejor tratamiento para la displasia de cadera?
La información proporcionada no detalla los tratamientos específicos para la displasia de cadera. Sin embargo, se sabe en el campo de la ortopedia pediátrica que el "mejor" tratamiento depende de la edad del niño al momento del diagnóstico y la severidad de la displasia. La detección temprana, idealmente en los primeros meses de vida, permite opciones de tratamiento más sencillas y no quirúrgicas, como el uso de arneses o dispositivos que mantienen las caderas en la posición correcta para favorecer su desarrollo normal. Los tratamientos iniciados tardíamente (después de que el niño comienza a caminar) suelen ser más complejos, a menudo requiriendo cirugías y periodos de recuperación más largos. Por lo tanto, aunque no se describen los tratamientos, la clave reside en el diagnóstico precoz para acceder a las opciones terapéuticas más efectivas y menos invasivas.
¿La displasia de cadera es dolorosa para el bebé?
En la mayoría de los casos de displasia de cadera en recién nacidos y lactantes pequeños, la condición no parece causar dolor significativo. Los bebés no suelen mostrar signos de dolor en reposo o durante los movimientos suaves de las caderas. El dolor es más probable que aparezca en etapas tardías, cuando la articulación está dañada o se desarrolla artrosis.
¿Se puede prevenir la displasia de cadera?
Dado que la displasia de cadera tiene componentes genéticos y factores relacionados con el ambiente intrauterino que no son modificables, no se puede prevenir en el sentido estricto. Sin embargo, lo que sí se puede prevenir son las consecuencias graves a largo plazo mediante la detección temprana y el tratamiento oportuno. Conocer los factores de riesgo y realizar las evaluaciones médicas y pruebas de imagen recomendadas son las mejores estrategias de prevención de complicaciones.
Conclusión: La Importancia de la Vigilancia y la Detección Temprana
La Displasia del Desarrollo de la Cadera es una condición que, si bien puede tener consecuencias significativas a largo plazo, tiene un excelente pronóstico cuando se diagnostica y trata a tiempo. Padres, cuidadores y profesionales de la salud deben estar atentos a los factores de riesgo y a los signos físicos que puedan indicar su presencia en los primeros meses de vida del bebé. La simple observación durante el cambio de pañal, combinada con los exámenes médicos de rutina y, si es necesario, las pruebas de imagen como el ultrasonido o la radiografía, son herramientas poderosas para identificar la DDC precozmente.
Invertir en la detección temprana no solo facilita tratamientos más sencillos y efectivos, sino que también sienta las bases para un desarrollo saludable de la cadera, permitiendo que los niños caminen, corran y jueguen sin limitaciones en el futuro. Si tienes alguna preocupación sobre las caderas de tu bebé, no dudes en consultarlo con su pediatra.
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