06/10/2017
Las dislipidemias, alteraciones en los niveles de lípidos en la sangre, son un componente crítico en el desarrollo del daño vascular ateroesclerótico y en la aparición de eventos isquémicos en diversas partes del cuerpo. Comprender y manejar adecuadamente estas condiciones es fundamental para preservar la salud cardiovascular a largo plazo. En Chile, estadísticas recientes revelan una prevalencia significativa de colesterol elevado, afectando a una porción considerable de la población adulta y subrayando la magnitud de este desafío de salud pública.

La Encuesta Nacional de Salud (ENS 2010) proporcionó datos reveladores sobre la prevalencia de diferentes tipos de dislipidemias en el país. Se observó que el colesterol total elevado afectaba al 38,5% de los mayores de 15 años. La dislipidemia mixta, caracterizada por triglicéridos altos, colesterol HDL bajo y colesterol LDL elevado (frecuentemente en partículas pequeñas y densas), es la forma más común. Esta triada aterogénica se asocia a menudo con el síndrome metabólico y la diabetes, incrementando significativamente el riesgo de enfermedad cardiovascular. A pesar de la clara evidencia sobre el alto riesgo asociado a las dislipidemias, y la existencia de guías y recomendaciones basadas en la evidencia (como las del NCEP ATP III, la Sociedad Europea de Aterosclerosis o la Sociedad Chilena de Cardiología), existe una brecha importante entre el conocimiento y el logro de las metas de tratamiento en la población. Es crucial evaluar a cada paciente de forma integral, ya que la dislipidemia, a excepción de las formas genéticas, suele ser asintomática hasta que provoca complicaciones graves como enfermedad coronaria o pancreatitis aguda.
- La Amenaza Silenciosa: Entendiendo la Dislipidemia
- Estableciendo Metas Claras: Objetivos de Tratamiento
- La Primera Línea de Defensa: Cambios en el Estilo de Vida
- Un Arsenal Terapéutico: Opciones Farmacológicas
- Abordajes Específicos: Hipercolesterolemia Aislada e Hipertrigliceridemia
- Preguntas Frecuentes sobre el Manejo de la Dislipidemia
La Amenaza Silenciosa: Entendiendo la Dislipidemia
La dislipidemia no suele manifestarse con síntomas evidentes en sus etapas iniciales. Su detección se realiza típicamente a través de análisis de sangre que miden los niveles de colesterol total, colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad), colesterol HDL (lipoproteínas de alta densidad) y triglicéridos. La prevalencia de estas alteraciones es alta. Por ejemplo, según la ENS 2010, el HDL disminuido se presentó en el 45,4% de la población, mientras que los triglicéridos elevados afectaron al 31,2%.
| PROBLEMA SALUD | CRITERIO | NACIONAL | HOMBRES | MUJERES |
|---|---|---|---|---|
| HDL disminuido | <40 mg/dl hombres <50mg/dl mujeres con ayuno> 9 h | 45,4% | 37,6% | 52,8% |
| HDL protectora | > 60 mg/dl | 14,7% | 8,3% | 20,8% |
| LDL elevada | Según RCV (ATPIII Update) con ayuno > 9 h | 22,7% | 27,2% | 18,3% |
| Triglicéridos elevados | >150 mg/dl con ayuno > 9 h | 31,2% | 35,6% | 27,1 % |
| Colesterol total elevado | > 200 mg/dl | 38,5% | 39,0% | 38,1 % |
La dislipidemia mixta, con su combinación de triglicéridos altos, HDL bajo y LDL elevado, es particularmente preocupante debido a su fuerte asociación con el síndrome metabólico y un riesgo cardiovascular muy elevado. Estudios como el PROCAM han demostrado que la presencia de síndrome metabólico multiplica el riesgo de eventos coronarios. A pesar de esta evidencia, lograr que los pacientes alcancen las metas de control lipídico sigue siendo un desafío significativo, como lo han evidenciado estudios tanto internacionales (PREVENT, WISE) como nacionales (RICAR).
Estableciendo Metas Claras: Objetivos de Tratamiento
El objetivo principal en el manejo de las dislipidemias es optimizar los niveles de lípidos para prevenir o retrasar la progresión de la aterosclerosis y, consecuentemente, reducir el riesgo de eventos cardiovasculares. Las metas de colesterol LDL han evolucionado con el tiempo, volviéndose más estrictas a medida que la evidencia ha demostrado que reducir el LDL a niveles más bajos confiere mayor protección cardiovascular. Actualmente, el objetivo de LDL se define en función del riesgo cardiovascular individual del paciente.
| Lípidos | Nivel Recomendado (mg/dL) | Clasificación |
|---|---|---|
| Colesterol LDL | < 100 | Óptimo |
| 100-129 | Deseable | |
| 130-159 | Límite alto | |
| 160-189 | Alto | |
| ≥190 | Muy alto | |
| Colesterol Total | < 200 | Deseable |
| 200-239 | Límite alto | |
| ≥ 240 | Alto | |
| Colesterol HDL | < 40 | Bajo |
| ≥ 60 | Alto (Protector) | |
| Triglicéridos | <150 | Normal |
| 150-199 | Límite alto | |
| 200-499 | Alto | |
| ≥500 | Muy alto | |
| Col No HDL | <100 a 190 mg/dl según el riesgo CV | |
Para pacientes de muy alto riesgo (con enfermedad ateromatosa demostrada, diabetes con factores de riesgo adicionales, múltiples factores de riesgo, o dislipidemias genéticas), el objetivo de LDL es de 70mg/dl. En aquellos con alto riesgo (2 factores de riesgo mayor), la meta es 100mg/dl, y para quienes tienen un riesgo moderado (1 factor de riesgo mayor), 130mg/dl. Por cada 1% de reducción de LDL, el riesgo cardiovascular disminuye entre 1% y 5% a 5 años. El colesterol HDL idealmente debe superar los 60mg/dl, ya que constituye un factor protector. Los triglicéridos deben mantenerse por debajo de 150mg/dl, prestando especial atención a niveles superiores a 500mg/dl por el riesgo de pancreatitis. El colesterol No HDL, que incluye todas las partículas aterogénicas, se perfila como un excelente indicador de riesgo, especialmente en casos de hipertrigliceridemia.
La evaluación del paciente debe ser integral, identificando el tipo específico de dislipidemia y estratificando el riesgo cardiovascular individual. Factores como la edad, el tabaquismo, la historia familiar de enfermedad cardiovascular precoz, la hipertensión y el HDL bajo modifican el nivel objetivo de LDL. Además, es vital evaluar los hábitos de vida (dieta, ejercicio) y buscar patologías o fármacos que puedan estar causando o empeorando la dislipidemia, como hipotiroidismo, diabetes, resistencia a la insulina, obesidad central, o el uso de ciertos medicamentos.
La Primera Línea de Defensa: Cambios en el Estilo de Vida
Las modificaciones en el estilo de vida constituyen la base del tratamiento de la dislipidemia y son esenciales tanto si se utiliza terapia farmacológica como si no. Dejar de fumar, alcanzar y mantener un peso corporal saludable, adoptar una dieta equilibrada y aumentar la actividad física tienen un impacto profundo y beneficioso en el perfil lipídico y el riesgo cardiovascular general.
La dieta juega un papel crucial. Se recomienda reducir el consumo de grasas totales a menos del 30% de las calorías diarias, prestando especial atención a las grasas saturadas e hidrogenadas (grasas trans), que deben ser inferiores al 7%. El colesterol de la dieta debe limitarse a menos de 200mg/día. Es beneficioso incorporar esteroles y estanoles vegetales, que ayudan a reducir la absorción de colesterol. Se debe priorizar el consumo de carnes magras, pescado (varias veces por semana), cereales integrales, legumbres, frutos secos y una alta ingesta de frutas y verduras. Se deben evitar grasas visibles de carnes, lácteos enteros, embutidos, así como productos de pastelería industrial que contienen grasas hidrogenadas. El consumo de alcohol debe ser moderado. Elegir aceites saludables como el de oliva, canola o pepa de uva y evitar reutilizar el aceite son prácticas importantes. Aumentar el consumo de fibra a 20-30g/día también contribuye a mejorar el perfil lipídico.
Las medidas generales complementan la dieta. La actividad física regular no solo ayuda a mantener un peso saludable y controlar la diabetes o la hipertensión, sino que específicamente mejora la dislipidemia al favorecer el aumento del HDL y la disminución de los triglicéridos. La suspensión del hábito tabáquico es indispensable, especialmente porque el tabaco reduce los niveles de HDL y daña el endotelio vascular, un paso inicial en la aterogénesis. Tratar patologías primarias que causan dislipidemia, como el hipotiroidismo o la diabetes, y revisar la medicación que pueda estar contribuyendo (como estrógenos orales o ciertos diuréticos/betabloqueadores, aunque estos últimos con menor impacto a dosis bajas) son pasos necesarios en el manejo integral.
Un Arsenal Terapéutico: Opciones Farmacológicas
La terapia farmacológica se añade a los cambios en el estilo de vida cuando estos no son suficientes para alcanzar los objetivos de lípidos, o en pacientes con un riesgo cardiovascular alto o muy alto desde el inicio. La elección del fármaco o la combinación de ellos depende del tipo de dislipidemia, los niveles de lípidos, el riesgo cardiovascular del paciente y la presencia de otras condiciones médicas.
Las estatinas son la piedra angular del tratamiento farmacológico para reducir el colesterol LDL. Actúan inhibiendo una enzima clave en la síntesis de colesterol en el hígado, lo que lleva a una reducción del LDL circulante. Además, tienen efectos pleiotrópicos beneficiosos, como acciones antiinflamatorias y estabilización de la placa aterosclerótica. Su potencia varía (Rosuvastatina y Atorvastatina son las más potentes) y son muy efectivas en reducir el riesgo de eventos cardiovasculares tanto en prevención primaria como secundaria. Reducen el LDL entre 30-60%, los TG entre 10-30% y aumentan el HDL entre 5-15%. Se consideran seguras, aunque requieren monitorización de enzimas hepáticas y musculares.
Otras opciones incluyen:
- Resinas de intercambio iónico: Atrapan sales biliares en el intestino, promoviendo la conversión de colesterol a sales biliares y aumentando los receptores de LDL hepáticos. Reducen el LDL (15-30%) pero pueden aumentar levemente los TG y tienen efectos gastrointestinales (estreñimiento).
- Ezetimibe: Inhibe selectivamente la absorción de colesterol en el intestino. En monoterapia tiene un efecto modesto, pero combinado con una estatina, logra reducciones significativas adicionales del LDL.
- Fibratos: Son muy efectivos para reducir los triglicéridos (20-40%) y aumentar el HDL (5-20%) mediante la activación de receptores nucleares (PPAR). Tienen un efecto menor sobre el LDL (5-15%). Son útiles en la dislipidemia mixta y la hipertrigliceridemia. La combinación de estatinas con fibratos (particularmente gemfibrozilo) aumenta el riesgo de efectos musculares adversos, por lo que debe usarse con precaución y seleccionando el fibrato adecuado (fenofibrato es generalmente preferido en combinación con estatinas).
- Ácido Nicotínico (Niacina): Es el agente más potente para aumentar el HDL (20-25%) y también reduce el LDL (10-15%) y los TG (15-25%). Su uso está limitado por efectos secundarios como el rubor facial, aunque existen formulaciones de liberación prolongada mejor toleradas.
- Ácidos Grasos Omega 3: A dosis altas (>4g/día) son efectivos para reducir los triglicéridos, principalmente al disminuir la síntesis de VLDL. Tienen poco efecto sobre el LDL y HDL y pueden usarse en combinación con estatinas.
Abordajes Específicos: Hipercolesterolemia Aislada e Hipertrigliceridemia
El manejo varía ligeramente dependiendo del patrón de dislipidemia predominante. En la hipercolesterolemia aislada (LDL elevado sin TG marcadamente altos), las estatinas son el tratamiento de primera línea. Si no se alcanzan las metas con dosis máximas, se considera la adición de ezetimibe o, menos frecuentemente, resinas. Los fibratos no están indicados como monoterapia en este caso.
En la hipertrigliceridemia, especialmente con niveles por encima de 500mg/dl, la prioridad es reducir el riesgo de pancreatitis aguda. Los cambios en el estilo de vida, particularmente la dieta estricta (reducción de carbohidratos refinados y alcohol) y el aumento de la actividad física, son fundamentales y a menudo muy efectivos para bajar los triglicéridos. Si los niveles persisten altos (entre 200-499 mg/dl) a pesar de los cambios en el estilo de vida, se puede considerar la terapia farmacológica. Con niveles superiores a 500mg/dl, se indican fibratos o ácido nicotínico. Los ácidos grasos omega 3 también son una opción útil para reducir los TG.
Es importante recordar que el manejo de la dislipidemia es parte de un enfoque integral del riesgo cardiovascular. Controlar la presión arterial, la diabetes, mantener un peso saludable y no fumar son tan importantes como optimizar los niveles de lípidos. La selección del tratamiento debe ser individualizada, considerando las características del paciente, su riesgo global y la presencia de otras condiciones. La adherencia al tratamiento, tanto farmacológico como no farmacológico, es clave para el éxito a largo plazo.
Preguntas Frecuentes sobre el Manejo de la Dislipidemia
- ¿Qué es la dislipidemia mixta?
- Es el tipo más común de dislipidemia, caracterizada por tener triglicéridos altos, colesterol HDL bajo y colesterol LDL elevado, a menudo con partículas pequeñas y densas. Se asocia fuertemente al síndrome metabólico y aumenta significativamente el riesgo cardiovascular.
- ¿Por qué son tan importantes los cambios en el estilo de vida?
- Los cambios en el estilo de vida (dieta, ejercicio, no fumar, control de peso) son la base del tratamiento. Pueden mejorar significativamente los niveles de lípidos y reducir el riesgo cardiovascular, incluso antes de iniciar o en combinación con la terapia farmacológica.
- ¿Cuándo se indica tratamiento farmacológico?
- La indicación depende del riesgo cardiovascular individual del paciente y de los niveles de LDL. Generalmente se inicia en pacientes con enfermedad cardiovascular establecida, diabetes, o con riesgo alto/muy alto si no se alcanzan las metas de LDL solo con cambios en el estilo de vida. Para triglicéridos muy elevados (>500mg/dl), también se indica fármacos para prevenir pancreatitis.
- ¿Cuál es el objetivo de colesterol LDL?
- El objetivo de LDL varía según el riesgo cardiovascular del paciente. Para riesgo muy alto, es <70mg/dl; para riesgo alto, <100mg/dl; y para riesgo moderado, <130mg/dl. Reducciones mayores en LDL se asocian a menor riesgo.
- ¿Qué son las estatinas y cómo actúan?
- Las estatinas son el grupo de fármacos más utilizado para tratar el colesterol alto. Actúan reduciendo la producción de colesterol en el hígado y aumentando la eliminación de LDL de la sangre. Son muy efectivas para reducir el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.
En conclusión, el manejo efectivo de la dislipidemia requiere un enfoque multifacético que combine firmes cambios en el estilo de vida con una terapia farmacológica adecuada cuando sea necesaria. La clave está en la evaluación individualizada del riesgo, el establecimiento de metas claras y el seguimiento continuo para asegurar el control óptimo de los lípidos y la reducción del riesgo cardiovascular.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a Manejo Integral de la Dislipidemia puedes visitar la categoría Salud.

Conoce mas Tipos