12/06/2020
La fractura de Bennett es una lesión específica y compleja que afecta la base del primer metacarpiano, el hueso largo que conecta el pulgar con la muñeca. Es una fractura que se extiende dentro de la articulación, conocida como luxofractura de Bennett, ya que casi siempre implica una dislocación de la primera articulación carpometacarpiana (CMC), la que une el primer metacarpiano con el hueso trapecio de la muñeca. Esta particular combinación de fractura y luxación la diferencia de otras fracturas del pulgar y la convierte en un desafío tanto para el tratamiento como para la recuperación.
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Históricamente, esta fractura lleva el nombre del Dr. Edward Hallaran Bennett, un cirujano irlandés del siglo XIX, quien fue el primero en describirla detalladamente. Su trabajo pionero en el estudio de enfermedades óseas y del aparato locomotor ayudó a identificar esta lesión como una entidad clínica distinta, destacando la importancia de su naturaleza intraarticular y la tendencia a la dislocación.

Debido a que involucra directamente la superficie articular y tiende a ser inestable, una fractura de Bennett tratada de forma inadecuada o con una reducción que no sea anatómicamente precisa puede tener consecuencias a largo plazo significativas. Estas secuelas pueden incluir osteoartritis temprana de la articulación CMC, debilidad persistente en los movimientos de pinza (esenciales para muchas actividades diarias) y una pérdida general de la función del pulgar. Por ello, un diagnóstico y tratamiento precisos, a menudo a cargo de cirujanos especializados en mano, son fundamentales para un pronóstico favorable.
¿Cómo Ocurre una Fractura de Bennett y Cuáles Son sus Síntomas?
La causa más común de una fractura de Bennett es un traumatismo directo en la mano o el pulgar, generalmente implicando una fuerza axial (compresión) aplicada al pulgar mientras este se encuentra parcialmente flexionado. Este mecanismo de lesión es frecuente en situaciones como golpear un objeto con el puño cerrado, caerse sobre el pulgar extendido o en actividades deportivas como el ciclismo (donde el pulgar abraza el manillar) o accidentes de tráfico (donde el pulgar puede estar alrededor del volante durante un impacto frontal).
Inmediatamente después de la lesión, el paciente suele experimentar dolor intenso e hinchazón en la base del pulgar. La sospecha de una fractura de Bennett surge ante una historia clínica de un traumatismo seguido de estos síntomas, a veces acompañados de alteraciones en la circulación o sensación de hormigueo. Los signos y síntomas típicos en el examen físico incluyen:
- Dolor a la palpación sobre la articulación carpometacarpiana del pulgar.
- Hinchazón (edema) y posible equimosis (sangre debajo de la piel, moretón) en la base del pulgar y la eminencia tenar (la masa muscular en la base del pulgar).
- Dolor y debilidad significativos al intentar realizar movimientos de pinza o agarre.
- Dificultad o incapacidad para realizar tareas cotidianas que requieren el uso coordinado del pulgar, como atarse un zapato, usar una llave o abrocharse un botón.
- En casos de fracturas desplazadas, puede ser visible una deformidad en la base del pulgar.
- Calor local en la fase aguda de la lesión.
- Inestabilidad aparente de la articulación CMC al mover el pulgar.
Es importante distinguir la fractura de Bennett de otras lesiones comunes del primer metacarpiano, como las fracturas de Rolando (una fractura conminuta en T o Y de la base del metacarpiano), fracturas extraarticulares o el "pulgar del esquiador" (una lesión ligamentosa). La ubicación del dolor y la inestabilidad de la articulación CMC son pistas clave.
Diagnóstico: Confirmando la Lesión
El diagnóstico de una fractura de Bennett generalmente se realiza mediante radiografías simples de la mano y el pulgar en diferentes proyecciones. Estas imágenes suelen ser suficientes para visualizar la fractura oblicua en la base del primer metacarpiano y la dislocación asociada de la articulación CMC. En la radiografía, se observa un pequeño fragmento triangular de hueso que permanece unido al ligamento oblicuo volar y que, debido a la acción de este ligamento y de los músculos, tiende a mantenerse en su posición anatómica respecto al trapecio, mientras que el resto del metacarpiano se desplaza proximal, dorsal y radialmente por la acción de los músculos abductor largo y extensor corto del pulgar.
Sin embargo, en situaciones donde la fractura es compleja, hay múltiples fragmentos (sospecha de fractura de Rolando), o existe duda sobre la extensión del daño articular, puede ser necesario realizar una tomografía computarizada (TC o scanner). La TC proporciona imágenes tridimensionales detalladas que permiten evaluar con precisión el patrón de la fractura, el grado de desplazamiento y la afectación de la superficie articular, lo cual es crucial para planificar el tratamiento más adecuado.
Opciones de Tratamiento: Buscando la Estabilidad
Dada la naturaleza inestable y intraarticular de la fractura de Bennett, el objetivo principal del tratamiento es lograr y mantener una reducción anatómica (colocar los fragmentos óseos en su posición original) para restaurar la congruencia articular y permitir una curación adecuada. Existen varias opciones de manejo, seleccionadas en función del grado de desplazamiento de la fractura:
1. Reducción Cerrada e Inmovilización con Yeso
Esta es la opción menos invasiva y a menudo el primer intento de tratamiento, especialmente si la fractura tiene un desplazamiento mínimo o nulo, o como medida inicial antes de una posible cirugía. El procedimiento se realiza bajo analgesia o sedación y consiste en manipular el pulgar para intentar recolocar el metacarpiano desplazado en su lugar. Las maniobras típicas implican aplicar tracción distal en el pulgar para contrarrestar la fuerza de los músculos que tiran del metacarpiano, combinada con presión medial o cubital en la base del metacarpiano para empujarlo de vuelta hacia el fragmento fijo y el trapecio. También se aplica pronación al pulgar.

Una vez lograda la reducción (confirmada radiográficamente), se inmoviliza la mano y el pulgar con un yeso o una férula que abarque desde el antebrazo hasta el pulgar, manteniéndolo en una posición de ligera aducción y oposición moderada. La inmovilización suele mantenerse durante unas 6 a 8 semanas. La principal desventaja de este método es la dificultad para mantener la reducción anatómica, ya que las fuerzas musculares tienden a desplazar nuevamente el fragmento. Si la reducción no se mantiene, el resultado a largo plazo puede ser subóptimo, con dolor y osteoartritis.
2. Reducción Cerrada y Fijación Percutánea con Agujas de Kirschner
Este método es el más común para fracturas de Bennett desplazadas, pero que aún son reducibles mediante manipulación externa. Se realiza la reducción cerrada como se describió anteriormente y, una vez que los fragmentos están alineados, se insertan percutáneamente (a través de la piel, sin abrir la articulación) una o dos agujas de Kirschner finas. Una aguja suele dirigirse desde la base del metacarpiano hacia el fragmento pequeño para fijarlo en su posición. Otra aguja puede usarse para estabilizar el metacarpiano principal, fijándolo al hueso trapecio o al segundo metacarpiano adyacente para evitar su desplazamiento.
Las agujas sobresalen de la piel y se cubren para evitar infecciones. Se mantiene una inmovilización con férula o yeso durante el tiempo que las agujas permanecen en su lugar, que suele ser de aproximadamente 4 semanas. Pasado este tiempo, se retiran las agujas en consulta y se inicia el programa de rehabilitación. Este método ofrece una mayor estabilidad que el yeso solo, pero aún presenta un riesgo de desplazamiento si la fijación no es lo suficientemente sólida o si el paciente no sigue las precauciones.
3. Reducción Abierta y Fijación Interna (ORIF)
Este enfoque quirúrgico se reserva generalmente para fracturas de Bennett con un desplazamiento significativo (típicamente > 3 mm), cuando la fractura no puede ser reducida de forma cerrada, o si hay un fragmento articular grande e inestable. La técnica implica realizar una incisión quirúrgica para exponer la articulación y la fractura bajo visión directa. Los fragmentos óseos se manipulan y se alinean de forma precisa (reducción anatómica) y luego se fijan internamente. La fijación puede realizarse con agujas de Kirschner, tornillos pequeños o, en casos complejos, miniplacas y tornillos. La elección del implante depende del tamaño y patrón de la fractura.
La reducción abierta y fijación interna permite una alineación más precisa de la superficie articular, lo cual es crucial para minimizar el riesgo de osteoartritis futura. Después de la cirugía, se puede colocar una férula o un yeso durante un período de inmovilización que varía, pero a menudo es de alrededor de 4 semanas. Aunque es más invasivo, este método ofrece la mayor estabilidad y la mejor oportunidad de lograr una reducción anatómica duradera, especialmente en fracturas complejas o muy desplazadas.
En algunos casos, si la fractura se asocia con lesiones ligamentarias significativas en la articulación CMC (lo cual es común dada la luxación), el cirujano puede optar por reparar los ligamentos durante la misma cirugía para mejorar la estabilidad a largo plazo. Esto puede implicar el uso de anclajes o suturas especiales, como se ha descrito en casos donde se reconstruye el ligamento oblicuo volar.

| Método de Tratamiento | Descripción | Invasividad | Indicación Principal | Tiempo Típico de Inmovilización |
|---|---|---|---|---|
| Reducción Cerrada + Yeso | Manipulación externa para reducir la fractura, seguida de inmovilización con yeso. | Baja | Fracturas no desplazadas o mínimamente desplazadas. | 6-8 semanas |
| Reducción Cerrada + Agujas Kirschner | Manipulación externa para reducir, fijación con agujas insertadas a través de la piel. | Moderada (procedimiento percutáneo) | Fracturas desplazadas reducibles. | 4 semanas (con agujas in situ) |
| Reducción Abierta + Fijación Interna (ORIF) | Cirugía para exponer la fractura, reducirla bajo visión directa y fijar con tornillos, placas o agujas. | Alta (cirugía abierta) | Fracturas significativamente desplazadas (>3mm), irreducibles o con fragmento grande/inestable. | 4 semanas (post-cirugía) |
El Camino Hacia la Recuperación: La Rehabilitación
La fase de rehabilitación es tan crucial como el tratamiento inicial para recuperar la función completa del pulgar después de una fractura de Bennett. El proceso comienza una vez que se retira la inmovilización (yeso o agujas) o, en el caso de ORIF con fijación estable, puede iniciarse antes con ejercicios suaves supervisados.
El tiempo de inmovilización varía según el método de tratamiento y la estabilidad lograda. Si se utilizó solo yeso, este se mantendrá generalmente entre 6 y 8 semanas. Si se utilizaron agujas de Kirschner, las agujas y la inmovilización asociada suelen retirarse alrededor de las 4 semanas. Tras una ORIF estable con placa y tornillos, la necesidad de inmovilización postoperatoria puede ser menor, a veces solo unos pocos días para controlar el dolor, permitiendo un inicio más temprano de la movilización, aunque esto siempre debe ser determinado por el cirujano.
Una vez que se permite la movilización, el programa de rehabilitación se enfoca gradualmente en restaurar el rango de movimiento, reducir la rigidez, fortalecer los músculos del pulgar y la mano, y mejorar la coordinación y la fuerza de pinza. Inicialmente, se suelen realizar ejercicios de flexibilización activa asistida de la articulación trapeciometacarpiana y otras articulaciones del pulgar (metacarpofalángica e interfalángica).
Los ejercicios progresan poco a poco. Un ejercicio común y útil consiste en tocar la punta del quinto dedo con la punta del pulgar, y luego deslizar el pulgar hacia abajo por el quinto dedo hasta alcanzar la palma de la mano. Este movimiento ayuda a restaurar la abducción, oposición y flexión del pulgar, movimientos esenciales para la función de pinza. Otros ejercicios incluyen:
- Flexión y extensión suaves de todas las articulaciones del pulgar.
- Movimientos de abducción (separar el pulgar de la palma) y aducción (volver a acercarlo).
- Movimientos de oposición (llevar la punta del pulgar hacia las puntas de los otros dedos, uno por uno).
- Ejercicios de deslizamiento tendinoso para asegurar que los tendones flexores y extensores del pulgar se muevan libremente.
- Ejercicios de fortalecimiento utilizando masilla terapéutica o bandas elásticas para mejorar la fuerza de agarre y pinza.
- Ejercicios de destreza fina para recuperar la habilidad para manipular objetos pequeños.
La progresión de los ejercicios debe ser guiada por un fisioterapeuta o terapeuta ocupacional, adaptándose a la tolerancia del paciente y la consolidación de la fractura. Es fundamental evitar actividades que impliquen una carga excesiva o movimientos bruscos del pulgar en las primeras etapas de la rehabilitación para no comprometer la curación. La duración total de la rehabilitación puede variar, pero a menudo lleva varias semanas o incluso meses recuperar la fuerza y función completas.
Posibles Complicaciones y Pronóstico
Aunque un tratamiento y rehabilitación adecuados buscan minimizar los problemas, existen posibles complicaciones si una fractura de Bennett no se diagnostica o trata correctamente, o si la consolidación no es óptima. Estas pueden incluir:
- Unión defectuosa (malunión): Los fragmentos óseos curan en una posición incorrecta, lo que puede alterar la biomecánica de la articulación.
- No unión (pseudoartrosis): Los fragmentos óseos no llegan a consolidar, dejando la fractura inestable.
- Rigidez y contractura: Limitación permanente del movimiento en las articulaciones del pulgar.
- Dolor crónico: Persistencia del dolor en la base del pulgar.
- Debilidad en los movimientos de pinza: Dificultad para realizar tareas que requieren fuerza entre el pulgar y los dedos.
- Osteoartritis precoz: Desgaste prematuro del cartílago articular de la articulación carpometacarpiana, lo cual es una secuela común si la reducción no fue anatómica o si hubo daño articular significativo.
El pronóstico a largo plazo de una fractura de Bennett depende en gran medida de la calidad de la reducción obtenida. Una reducción anatómica estable, ya sea por fijación percutánea o abierta, combinada con un programa de rehabilitación diligente, generalmente conduce a un buen resultado con recuperación de la función. Sin embargo, incluso con el mejor tratamiento, el riesgo de desarrollar osteoartritis en el futuro sigue siendo una preocupación, aunque una reducción precisa puede retrasar su aparición o disminuir su severidad.
Preguntas Frecuentes sobre la Fractura de Bennett
¿Qué tipo de atención médica buscaría en caso de tener una fractura de Bennett?
Ante la sospecha de una fractura de Bennett (dolor intenso, hinchazón, dificultad para mover el pulgar tras un traumatismo), se debe buscar atención médica urgente en un servicio de traumatología o urgencias hospitalarias. Idealmente, el tratamiento y seguimiento de esta fractura deberían estar a cargo de un cirujano ortopédico con experiencia en cirugía de mano, dada la complejidad e importancia funcional de la articulación afectada.

¿Qué es la luxofractura de Bennett?
El término "luxofractura de Bennett" se utiliza comúnmente porque la fractura de la base del primer metacarpiano casi siempre viene acompañada de una luxación o subluxación (dislocación parcial) de la articulación carpometacarpiana entre el primer metacarpiano y el trapecio. El pequeño fragmento óseo permanece en su lugar con el trapecio, mientras que el resto del metacarpiano se desplaza, creando la combinación de fractura y luxación.
¿Cuánto tiempo tarda en recuperarse una fractura de Bennett?
El tiempo total de recuperación varía según el tratamiento y la respuesta individual, pero generalmente implica un período de inmovilización de 4 a 8 semanas, seguido de varias semanas o meses de rehabilitación. La recuperación completa de la fuerza y la función puede llevar de 2 a 4 meses, o incluso más en casos complejos.
¿Puedo mover el pulgar mientras tengo la férula o el yeso?
No. Durante el período de inmovilización, es crucial mantener el pulgar y la muñeca inmóviles para permitir que la fractura consolide correctamente. Intentar mover la mano o el pulgar dentro de la férula o el yeso puede causar dolor, desplazar los fragmentos óseos o las agujas de fijación, y retrasar la curación.
¿Cuándo puedo volver a mis actividades normales o deportivas?
El regreso a las actividades normales y deportivas debe ser gradual y supervisado. Las actividades ligeras que no involucren el pulgar pueden reanudarse antes. Las actividades que requieren fuerza de agarre, pinza o que exponen la mano a riesgo de impacto (deportes de contacto, ciclismo) solo deben retomarse una vez que la fractura esté completamente consolidada, se haya recuperado un rango de movimiento y fuerza adecuados, y con la aprobación del cirujano o terapeuta. Esto puede tardar varios meses.
En conclusión, la fractura de Bennett es una lesión seria del pulgar que exige un manejo experto. Desde el diagnóstico preciso hasta la elección del tratamiento más adecuado y, sobre todo, un programa de rehabilitación estructurado y consistente, cada paso es vital para asegurar la mejor recuperación funcional posible y minimizar el riesgo de secuelas a largo plazo.
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