31/10/2013
En el corazón de la imponente cordillera mendocina se esconde un lugar que, a pesar de la belleza agreste de sus paisajes, evoca una de las historias de supervivencia más impactantes de la humanidad. Conocido hoy como el Valle de las Lágrimas, este sitio fue el escenario de un evento que puso a prueba los límites de la resistencia humana: el trágico accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en 1972. Un avión con 45 personas a bordo se estrelló en estas montañas, y lo que siguió fue una lucha épica por la vida que se extendió por 72 largos días, de la cual solo 16 personas lograron sobrevivir para contarla.

El nombre “Valle de las Lágrimas” no deriva directamente de la tragedia del accidente. En realidad, las formaciones geológicas en las laderas de las montañas presentan surcos que, vistos desde la distancia, parecen las marcas que dejan las lágrimas al correr por un rostro. Sin embargo, el sitio exacto donde yacen los restos del avión y se erige un memorial, en el Glaciar de las Lágrimas a 3.600 metros sobre el nivel del mar, sí fue bautizado en honor a quienes allí perdieron la vida.

Un Vuelo con Destino Inesperado
Aquel 13 de octubre de 1972, el Fairchild FH-227D, popularmente recordado como “el avión de los uruguayos”, emprendió un viaje que terminaría de forma abrupta y devastadora en la inmensidad helada de los Andes. La caída del avión dejó a los sobrevivientes aislados en un entorno hostil, enfrentando temperaturas extremas, la falta de provisiones y la desesperanza. Lo que sucedió después se ha convertido en un paradigma de la supervivencia, una historia que ha sido documentada en libros y películas, explorando las difíciles decisiones y la increíble resiliencia que fueron necesarias para subsistir.
Pasaron 72 días antes de que el mundo supiera que había sobrevivientes. La proeza de dos de ellos, que cruzaron a pie la formidable Cordillera en busca de ayuda, fue clave para el rescate de los 14 restantes. Este suceso no solo puso a prueba la fortaleza física y mental de los involucrados, sino que también generó un profundo debate ético y moral sobre las acciones extremas que se pueden justificar en situaciones límite.
La Peregrinación al Glaciar de las Lágrimas
Hoy en día, el Valle de las Lágrimas y el Glaciar que lleva el nombre de la tragedia se han convertido en un destino para aquellos que desean honrar la memoria de las víctimas y reflexionar sobre el milagro de la supervivencia. Una expedición al Memorial que se armó en el lugar es un viaje profundamente emotivo. Agencias como Argentina Extrema, liderada por Fernando Robledo, ofrecen la posibilidad de llegar a este sitio histórico.
Fernando Robledo, quien ideó su agencia a los 19 años, veía la expedición al Valle de las Lágrimas como un sueño. Desde 2012, se convirtió en uno de los productos principales de Argentina Extrema. Según explica Robledo, a diferencia de otras travesías de montaña donde el objetivo es alcanzar una cumbre y celebrar, en esta expedición el momento culminante al llegar al memorial es de silencio. No hay nada que festejar, solo un profundo respeto por lo ocurrido.
La Expedición: Modalidades y Recorrido
La travesía al lugar del accidente se puede realizar principalmente de dos maneras: trekking o cabalgata. Ambas modalidades tienen una duración de tres días y comienzan en El Sosneado, un punto ubicado a 137 km de San Rafael y 52 km de Malargüe, en la provincia de Mendoza. El primer encuentro es temprano, a las 8:30 de la mañana, para chequear el equipo y prepararse.
Desde El Sosneado, se accede al Valle del Atuel Superior en ómnibus por un camino secundario de montaña, un trayecto de 50 kilómetros hasta el Puesto Araya. Aquí esperan los caballos y los baqueanos, expertos conocedores del terreno y la montaña. Se entregan provisiones y cascos de uso obligatorio, y comienza la parte más exigente de la expedición.
El primer día implica aproximadamente cinco horas de cabalgata o trekking. El segundo día es el más largo y desafiante, con unas ocho horas de recorrido, ya que es cuando se alcanza el Glaciar de las Lágrimas y el memorial a 3.600 msnm. El tercer día es el regreso, con otras cinco horas de travesía.
Un Paisaje de Contraste: Belleza y Dureza
La expedición ofrece un paisaje cordillerano de una belleza inigualable, con lagunas, valles glaciares y la inmensidad de las montañas. Sin embargo, es una travesía exigente que requiere concentración y seguir al pie de la letra las indicaciones de Fernando y los baqueanos. Cruces de ríos, ascensos importantes y terrenos irregulares forman parte del camino. A pesar de la dificultad, la experiencia se ve enriquecida por el entorno natural.
El campamento base, ubicado en El Barroso a 2.550 msnm, ofrece un merecido descanso al final de cada jornada. Con carpas estructurales para dormir, un comedor y sector de baños, el lugar permite recuperar energías. Por la noche, si el cielo está despejado, la vista de las estrellas y la Vía Láctea es impresionante. Se dice que es el quinto cielo más puro del mundo. La luna, al salir detrás de El Sosneado (el cerro que también veían los sobrevivientes), puede iluminar el campamento, creando una atmósfera mágica.
Ecos de Supervivencia: Historias en el Camino
La expedición al Valle de las Lágrimas a menudo reúne a personas con una conexión particular con la historia, ya sea por admiración, estudio o experiencias personales. Es común coincidir con individuos que conocen la tragedia a la perfección y han visitado el lugar en múltiples ocasiones.
Alexis Scarantino, creador de una página de Facebook dedicada a la tragedia con más de 80.000 miembros, ha visitado el valle nueve veces. Para él, la cabalgata no solo es significativa por llegar al lugar del accidente, sino también por el paisaje alucinante del trayecto. Alexis tuvo la oportunidad única de subir al valle con Roberto Canessa, uno de los sobrevivientes que cruzó la cordillera. Canessa le mostró el camino que él y Nando Parrado vieron desde la montaña que escalaron, un camino que, de haberlo tomado, les habría ahorrado siete días de travesía.
Fiona York, pareja de Alexis, ha estado en el valle cinco veces. Describe la experiencia como sentirse parte de la naturaleza, donde las montañas parecen tener entidad propia. Para ella, todo el trayecto hasta llegar a la cruz en el memorial la absorbe completamente.
Judit Castellà, una psicóloga catalana especializada en psicología de catástrofes, visitaba el Valle de las Lágrimas por primera vez. La emoción al llegar al glaciar fue palpable. Recordó la noche pasada en la base del memorial, donde el silencio solo era interrumpido por sonidos desconocidos, probablemente el rompimiento del hielo del glaciar debido a las diferencias de temperatura. Describió la experiencia como "surrealista".
La historia de Marcio López añade otra capa de profundidad a la expedición. Hace 31 años, Marcio viajó al valle para buscar una batería del avión caído, pero el clima empeoró drásticamente. Su vida, y la de su grupo, fue salvada por el baqueano Osvaldo Araya (hermano de Antonio, quien encontró a los sobrevivientes originales). Araya, en medio de una tormenta de nieve, utilizó un rebaño de vacas para encontrar un camino seguro a través de una peligrosa yesera. Años después, con las extremidades congeladas, fue el mismo Araya quien lo ayudó a recuperarse. Marcio realizó esta expedición 31 años después específicamente para encontrar a Osvaldo Araya y agradecerle personalmente haberle salvado la vida, un encuentro que consideró lo más importante de su viaje.
El Silencio en el Glaciar
El momento de la llegada al Glaciar de las Lágrimas, a 3.600 metros de altitud, es el culmen emocional de la expedición. La fila de caballos o excursionistas avanza en silencio, cada uno inmerso en sus propios pensamientos, de frente a la imponente montaña. Al llegar al memorial, el silencio se intensifica. El lugar se impone con su historia y su atmósfera. Solo se oye el soplido del viento.
En el sitio se encuentran placas conmemorativas, pañuelos, flores de plástico sostenidas por piedras pesadas. Leer los nombres en las placas, observar los restos dispersos del avión, como una ventana que Marcio López observaba, genera una profunda conmoción. Como Marcio comentó la noche anterior, el lugar es un paisaje de ensueño bajo el sol, pero ante un mal clima, se convierte en un verdadero infierno, reflejando el extremo contraste que vivieron los sobrevivientes.
Llegar a este punto no es un logro a celebrar con algarabía, sino con respeto y reflexión. Es un espacio para honrar a quienes no regresaron y para admirar la increíble fortaleza de aquellos que sí lo hicieron. La expedición al Valle de las Lágrimas es más que una aventura en la montaña; es un viaje a la memoria, a la resiliencia humana y a la inmensidad de la naturaleza que puede ser a la vez implacable y majestuosa.
Preguntas Frecuentes sobre el Valle de las Lágrimas
- ¿Qué ocurrió en el Valle de las Lágrimas en 1972?
En octubre de 1972, el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, con 45 personas a bordo, se estrelló en la cordillera mendocina, en una zona conocida hoy como el Valle de las Lágrimas. - ¿Cuántas personas sobrevivieron al accidente?
De las 45 personas a bordo, 16 sobrevivieron al accidente y los 72 días posteriores hasta ser rescatados. - ¿Cuánto tiempo estuvieron perdidos los sobrevivientes?
Los sobrevivientes permanecieron aislados en la cordillera durante 72 días. - ¿Por qué se llama así el Valle de las Lágrimas?
El nombre “Valle de las Lágrimas” se debe a las formaciones geológicas en las laderas de las montañas, que vistas de lejos, parecen surcos de lágrimas. Este nombre existía antes de la tragedia y no está directamente relacionado con ella, aunque el Glaciar de las Lágrimas, donde está el memorial, sí fue nombrado en honor a las víctimas. - ¿Es posible visitar el lugar del accidente?
Sí, es posible visitar el memorial y los restos del avión en el Glaciar de las Lágrimas a través de expediciones organizadas por agencias especializadas, como Argentina Extrema. - ¿Cómo es la expedición al Valle de las Lágrimas?
La expedición generalmente dura tres días y se puede realizar en trekking o a caballo. Comienza en El Sosneado y es considerada exigente debido a las largas horas de recorrido, el terreno montañoso y la altitud. - ¿Qué se encuentra en el memorial?
En el memorial, ubicado en el Glaciar de las Lágrimas, se encuentran placas conmemorativas con los nombres de las víctimas, algunos restos del avión y objetos dejados por los visitantes en señal de respeto.
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