01/08/2013
La bartolinitis es una afección ginecológica que genera considerable molestia en muchas mujeres. Se trata de la inflamación de una o ambas glándulas de Bartolino, dos pequeñas estructuras localizadas a cada lado de la abertura vaginal. Su función principal es secretar un líquido lubricante, especialmente durante la excitación sexual. Cuando el conducto de salida de una de estas glándulas se obstruye, el líquido se acumula en su interior, formando un quiste de Bartolino. Este quiste, si no se infecta, puede no causar síntomas y pasar desapercibido. Sin embargo, si el quiste se infecta, se convierte en un absceso doloroso y lleno de pus, dando lugar a lo que conocemos como bartolinitis aguda.

Esta patología es relativamente común, afectando aproximadamente al 3% de las mujeres a lo largo de su vida, siendo más frecuente entre los 20 y 29 años y en mujeres sexualmente activas que no han tenido hijos. Aunque generalmente no es grave, sus síntomas pueden ser muy incapacitantes y dolorosos, impactando actividades cotidianas como caminar, sentarse o tener relaciones sexuales.

Existen diferentes presentaciones de esta condición. Hablamos de bartolinitis aguda cuando aparece de forma súbita con síntomas intensos. La bartolinitis crónica se refiere a la tendencia a sufrir episodios agudos recurrentes sobre una inflamación de base que persiste. Finalmente, el quiste de Bartolino es el acúmulo de secreciones no infectadas que puede, con el tiempo, evolucionar hacia una forma aguda o crónica si se infecta.
La causa fundamental de la bartolinitis es la obstrucción del pequeño conducto que conecta la glándula con el exterior. Esta obstrucción puede ser debida a diversos factores, incluyendo infecciones bacterianas. La bacteria Escherichia coli es una de las más frecuentemente implicadas, aunque otras infecciones, como las de transmisión sexual (gonorrea, clamidia), también pueden ser la causa o contribuir a la condición. Otros factores que pueden influir incluyen lesiones en la zona, cambios en la flora vaginal, o incluso, aunque no hay estudios concluyentes, la mala higiene o el uso de ropa ajustada que aumente la humedad y presión local.
Los síntomas típicos se desarrollan en la zona vulvar. La paciente suele notar un aumento de tamaño en uno de los lados de los labios menores, percibiendo un bulto que puede ser más o menos duro o, si hay un absceso, fluctuante al tacto. La zona se presenta enrojecida, caliente e inflamada. El dolor es un síntoma cardinal, que puede ser leve o muy intenso, dificultando el movimiento, el sentado y las relaciones sexuales. En algunos casos, el absceso puede romperse espontáneamente, liberando el pus acumulado y aliviando la presión y el dolor.
El diagnóstico de la bartolinitis es principalmente clínico. Un médico puede identificarla mediante la simple visualización y palpación de la masa inflamada en la parte posterior de la vulva. Para confirmar la causa y guiar el tratamiento, especialmente si se sospecha infección, se pueden realizar pruebas complementarias. Un cultivo del material drenado (si hay secreción o se realiza un drenaje) es útil para identificar la bacteria responsable. En casos de abscesos complicados o si se sospecha una infección generalizada, se puede solicitar un análisis de sangre. Dada la posible relación con infecciones de transmisión sexual, a menudo se recomienda realizar pruebas para detectarlas. En mujeres mayores de 40 años, ante la aparición de un quiste o masa en esta zona, se considera la posibilidad, aunque rara, de una lesión maligna (adenocarcinoma). En estos casos, es fundamental realizar una biopsia (toma de una pequeña muestra de tejido para analizarla) para descartar esta complicación.
El tratamiento de la bartolinitis varía según el tamaño del quiste, la intensidad de los síntomas y, sobre todo, si existe infección o formación de un absceso. Un quiste pequeño y sin síntomas generalmente no necesita tratamiento activo; en muchos casos, puede resolverse por sí solo.
Para síntomas leves o quistes pequeños, los baños de asiento son una recomendación común y efectiva. Consisten en sumergir la zona pélvica en unos pocos centímetros de agua tibia varias veces al día (tres o cuatro) durante tres o cuatro días. El calor húmedo puede ayudar a aliviar el dolor, reducir la inflamación y, en algunos casos, facilitar que un quiste infectado pequeño se abra y drene espontáneamente.
Si hay una infección bacteriana confirmada o sospechada, o si los análisis revelan una infección de transmisión sexual, el médico puede recetar antibióticos. Sin embargo, si se logra drenar el absceso de manera efectiva, la necesidad de antibióticos puede disminuir o incluso eliminarse, ya que la eliminación del pus es clave para resolver la infección local.
Cuando se forma un absceso grande y doloroso, o un quiste es muy sintomático, el tratamiento médico suele requerir una intervención para drenar el contenido acumulado. El drenaje quirúrgico simple es uno de los procedimientos más directos. Se realiza una pequeña incisión en el absceso o quiste para permitir la salida del pus o líquido. A menudo, se coloca un pequeño catéter de goma (conocido como catéter de Word) en la incisión. Este catéter se mantiene en su lugar durante varias semanas (hasta seis) para evitar que la incisión se cierre prematuramente y asegurar un drenaje completo y continuo. Este procedimiento se puede realizar con anestesia local o sedación.

Aunque el drenaje simple alivia rápidamente los síntomas agudos, tiene una alta tasa de recurrencia, es decir, la probabilidad de que el quiste o absceso reaparezca. Para reducir este riesgo y tratar la bartolinitis crónica o recurrente, se prefieren otros procedimientos que buscan crear una abertura de drenaje más permanente.
La marsupialización es uno de los tratamientos quirúrgicos más utilizados para los quistes o abscesos recurrentes. Consiste en hacer una incisión para drenar el contenido y luego suturar los bordes de la pared del quiste a la piel de la vulva circundante. Esto crea una pequeña abertura permanente (generalmente de menos de 6 milímetros) que permite que la glándula drene libremente en el futuro, evitando la acumulación de líquido. Este procedimiento ayuda a preservar la función de la glándula y tiene buenos resultados en la prevención de la recurrencia. A veces, también se puede insertar un catéter temporalmente después de la marsupialización para asegurar el drenaje inicial.
Existen otras técnicas que buscan el mismo objetivo de crear un canal de drenaje. La ablación con nitrato de plata es un método que implica hacer una pequeña incisión, drenar el quiste e insertar una barrita de nitrato de plata en la cavidad. El nitrato de plata causa una reacción inflamatoria que ayuda a formar un nuevo conducto de drenaje. La barrita se retira a las 48 horas. Los estudios sugieren que este método es muy eficaz para prevenir la recurrencia, con tasas similares a la extirpación quirúrgica de la glándula.
El uso de láser de dióxido de carbono es otra opción. El láser se utiliza para crear una abertura en la piel y la pared del quiste para vaciar su contenido. Las tasas de recurrencia con esta técnica varían, situándose entre el 2% y el 20% según diferentes estudios.
La aspiración con aguja es un procedimiento menos invasivo donde se extrae el líquido del quiste mediante punción. Si bien es simple, tiene una posibilidad de recurrencia más alta, hasta del 38%.
La escleroterapia con alcohol implica drenar el quiste e introducir alcohol al 70% en la cavidad durante unos 5 minutos. El alcohol ayuda a esclerosar (endurecer y cerrar) la cavidad del quiste, promoviendo la formación de un conducto de drenaje. Las recurrencias con esta técnica se observan hasta en el 10% de los casos.
En raras ocasiones, cuando los quistes o abscesos son persistentes, recurrentes y no responden a los procedimientos mencionados, o en el caso de formas quísticas primarias que causan mucha molestia, se puede considerar la exéresis glandular (extirpación quirúrgica de la glándula de Bartolino). Este es generalmente el último recurso. La extirpación quirúrgica se realiza típicamente en un hospital bajo anestesia general. Si bien elimina la glándula afectada, también conlleva un mayor riesgo de sangrado y otras complicaciones postoperatorias en comparación con los procedimientos menos invasivos. Es la opción que ofrece la mayor probabilidad de "eliminar definitivamente" el problema en esa glándula, pero con los mayores riesgos y la pérdida de la función lubricante de esa glándula.
| Tratamiento | Descripción | Indicación principal | Probabilidad de Recurrencia (aprox.) |
|---|---|---|---|
| Baños de asiento | Remojo en agua tibia | Quistes pequeños, síntomas leves, ayuda al drenaje espontáneo | Variable (no es un tratamiento definitivo) |
| Antibióticos | Medicamentos orales | Infección bacteriana, ETS asociada | No trata el quiste/obstrucción, solo la infección |
| Drenaje quirúrgico simple + Catéter | Incisión y colocación de tubo temporal | Abscesos grandes, muy sintomáticos | Alta |
| Marsupialización | Incisión y sutura para crear abertura permanente | Quistes/Abscesos recurrentes | Baja |
| Láser CO2 | Creación de abertura con láser | Tratamiento del quiste | 2-20% |
| Ablación con Nitrato de Plata | Drenaje e inserción de nitrato de plata | Quistes/Abscesos recurrentes | Baja (similar a extirpación) |
| Aspiración con aguja | Extracción de líquido con jeringa | Quistes pequeños | Hasta 38% |
| Escleroterapia con Alcohol | Drenaje e introducción de alcohol | Quistes | Hasta 10% |
| Exéresis Glandular | Extirpación completa de la glándula | Recurrencia frecuente, fracaso de otros métodos, formas quísticas muy molestas | Muy baja (en la glándula tratada) |
Si la bartolinitis no se trata adecuadamente, pueden surgir complicaciones. La más común es la recurrencia de los abscesos o quistes. Estos episodios repetidos pueden causar molestias crónicas significativas y afectar la calidad de vida. En algunos casos, una infección no controlada o procedimientos de drenaje repetidos pueden llevar a la formación de una fístula, que es un conducto anómalo que conecta la glándula con otra área, permitiendo el drenaje constante de secreciones o pus por un sitio diferente, lo cual requiere tratamiento quirúrgico complejo. Aunque no es común, las infecciones severas asociadas a la bartolinitis podrían, teóricamente, extenderse, aunque esto es raro con la atención médica oportuna. También pueden presentarse complicaciones derivadas de los propios tratamientos quirúrgicos, como sangrado o infecciones en el sitio de la incisión.

Prevenir la bartolinitis implica principalmente reducir los factores de riesgo. Mantener una adecuada higiene íntima es fundamental. El uso de preservativos es crucial para protegerse de las infecciones de transmisión sexual, que pueden ser causa o factor contribuyente de la bartolinitis. Aunque la evidencia no es concluyente, algunas recomendaciones sugieren el uso de ropa holgada y de tejidos transpirables, como el algodón, para evitar el aumento de humedad y presión en la zona genital.
En resumen, la bartolinitis es una condición molesta pero manejable. El tratamiento depende de su severidad, desde cuidados en casa como los baños de asiento para casos leves, hasta procedimientos quirúrgicos como el drenaje, la marsupialización, o en casos extremos, la extirpación de la glándula para casos más complicados o recurrentes. La clave para intentar "eliminarla definitivamente", o al menos reducir drásticamente su recurrencia, reside en optar por tratamientos que buscan crear un drenaje permanente (marsupialización, ablación con nitrato de plata) o la extirpación de la glándula afectada, siempre bajo la recomendación y supervisión de un profesional médico. Consultar a un ginecólogo ante los primeros síntomas es esencial para recibir el diagnóstico correcto y el tratamiento más adecuado a cada situación particular.
La bartolinitis puede ser diagnosticada y tratada inicialmente por un médico de atención primaria. Sin embargo, si no hay mejoría, si la condición se complica, si hay sospecha de una causa subyacente como una ETS, o si se requiere un procedimiento quirúrgico, la paciente será remitida a un especialista en Ginecología.
Preguntas frecuentes:
¿Qué es el Bartolino inflamado?
Se refiere a la glándula de Bartolino cuando aumenta de tamaño debido a la acumulación de líquido o pus en su interior, generalmente por la obstrucción de su conducto de salida. Esta inflamación causa un bulto doloroso en la zona de la vulva, cerca de la abertura vaginal.
¿Qué es un absceso en la glándula de Bartholin?
Es una complicación del quiste de Bartolino donde el líquido acumulado se infecta con bacterias, formando una cavidad llena de pus. Es una masa muy dolorosa, caliente y sensible.
¿Qué son las glándulas de Cowper?
Son dos glándulas pequeñas que forman parte del sistema reproductor masculino. Se localizan debajo de la próstata y secretan un líquido pre-eyaculatorio que ayuda a lubricar la uretra.
¿Qué son los cuerpos cavernosos y esponjosos?
Son estructuras de tejido eréctil que se encuentran en el pene masculino. Los cuerpos cavernosos son dos cilindros principales que se llenan de sangre durante la excitación para producir la erección. El cuerpo esponjoso es otro cilindro que rodea la uretra y forma el glande en la punta del pene; también se llena de sangre durante la erección, pero menos que los cavernosos.
¿Cuál es la función de la vesícula seminal?
Las vesículas seminales son glándulas del sistema reproductor masculino que producen la mayor parte del líquido que compone el semen (aproximadamente el 70%). Este líquido es rico en fructosa y otras sustancias que nutren y ayudan a la movilidad de los espermatozoides.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a ¿Cómo eliminar definitivamente la bartolinitis? puedes visitar la categoría Salud.

Conoce mas Tipos