17/04/2013
La base de nuestro cerebro alberga estructuras vitales, protegidas por formaciones óseas. Una de ellas es la silla turca, una especie de cavidad con forma de silla de montar donde se aloja una glándula crucial: la hipófisis. Esta diminuta glándula es la maestra de orquesta de nuestro sistema hormonal, controlando desde el crecimiento hasta el metabolismo y la reproducción.

Sin embargo, en ocasiones, esta “silla” puede parecer desocupada en estudios de imagen como la resonancia magnética. No es que esté realmente vacía, sino que el espacio que normalmente ocupa la hipófisis se llena total o parcialmente de líquido cefalorraquídeo (LCR), el fluido que rodea y protege el cerebro y la médula espinal. Esta condición se conoce como síndrome de la silla turca vacía o, cuando es causado por la protrusión de una de las membranas cerebrales (la aracnoides) hacia la silla, se denomina aracnoidocele selar.
¿Qué es el Aracnoidocele Selar o Síndrome de Silla Turca Vacía?
Imagina el cerebro envuelto en capas protectoras. Una de estas capas se llama aracnoides. Normalmente, hay un espacio entre la aracnoides y el cerebro por donde circula el líquido cefalorraquídeo. El aracnoidocele selar primario ocurre cuando el diafragma selar, una membrana que sella la silla turca y tiene una pequeña abertura para el tallo hipofisario, presenta un defecto o debilidad. Esto permite que la membrana aracnoidea y el LCR que la rodea se hernie hacia abajo, invadiendo el compartimento de la silla turca y comprimiendo la glándula hipófisis contra el fondo o las paredes de esta cavidad ósea.
El síndrome de la silla turca vacía puede ser de dos tipos:
- Primario: Ocurre sin una causa previa aparente, a menudo relacionado con una debilidad congénita o adquirida del diafragma selar. Es el que se relaciona directamente con el aracnoidocele.
- Secundario: Se presenta después de que la hipófisis ha sido dañada o extirpada por otras causas, como tumores, cirugía, radioterapia o traumatismos. En este caso, el espacio queda vacío porque la glándula disminuye de tamaño o desaparece.
El LCR que se filtra hacia la silla turca ejerce presión sobre la hipófisis, lo que puede hacer que esta glándula se encoja o se aplane. Aunque en muchos casos es un hallazgo incidental y no causa problemas, en otros puede llevar a diversas manifestaciones clínicas debido a la compresión.
Comprendiendo los Grados del Aracnoidocele Selar
El aracnoidocele selar primario, a menudo identificado como un hallazgo radiológico, se puede clasificar según la extensión con la que el LCR ocupa la silla turca y la compresión de la glándula hipofisaria. Aunque se mencionan diferentes sistemas, uno de ellos describe hasta 4 grados.
La severidad de los síntomas, si los hay, suele estar más relacionada con el grado de compresión de la hipófisis y las estructuras circundantes (como los nervios ópticos) que con el grado numérico exacto. Por ejemplo, un aracnoidocele selar grado III, como se describió en un caso, implica que el LCR ocupa aproximadamente 3/4 partes de la fosa hipofisaria, comprimiendo notablemente la glándula hacia el piso y mostrando un contorno superior convexo. Esto indica una ocupación significativa del espacio. Aunque la información proporcionada no detalla específicamente qué significa un aracnoidocele selar grado 2, dentro de un sistema de clasificación, se entendería que representa un grado de ocupación del espacio selar por el LCR y compresión hipofisaria de magnitud intermedia, menor que el grado 3 o 4, pero superior al grado 1, que podría ser mínimo o casi asintomático. Las manifestaciones dependerían de si esta ocupación y compresión impactan el funcionamiento de la glándula o estructuras nerviosas cercanas.
Síntomas y Manifestaciones: Más Allá de la Silla Vacía
Para muchas personas, el aracnoidocele selar es un hallazgo casual en una resonancia magnética realizada por otra razón. Sin embargo, cuando la compresión sobre la hipófisis o las estructuras nerviosas adyacentes es significativa, pueden aparecer síntomas. Estos se agrupan principalmente en trastornos neurológicos, oftalmológicos y endocrinológicos.
Los síntomas neurológicos pueden incluir dolores de cabeza, y en algunos casos, problemas relacionados con el equilibrio y la audición. Se han reportado episodios de vértigo, mareos y pérdida de audición. Un estudio encontró que la pérdida de audición, especialmente la neurosensorial, era una manifestación frecuente en pacientes con silla turca vacía y trastornos audiovestibulares.
Los síntomas oftalmológicos, aunque menos comunes, pueden ser graves e involucrar la visión si la herniación del LCR ejerce presión sobre el quiasma óptico, la estructura donde se cruzan los nervios de los ojos. Esto podría manifestarse como disminución de la agudeza visual o cambios en el campo visual.
Las manifestaciones endocrinológicas son quizás las más complejas, ya que la hipófisis controla la producción de múltiples hormonas esenciales. La compresión puede afectar la secreción de una o varias de estas hormonas, llevando a lo que se conoce como hipopituitarismo. Las hormonas que pueden verse afectadas incluyen:
- Hormona estimulante de la tiroides (TSH)
- Hormona del crecimiento
- Hormonas gonadotropas (FSH y LH, que controlan ovarios y testículos)
- Hormona adrenocorticotropa (ACTH, que controla las glándulas suprarrenales)
- Prolactina
- Hormona antidiurética (ADH)
Un déficit en cualquiera de estas hormonas puede tener consecuencias significativas. Por ejemplo, la falta de TSH conduce a hipotiroidismo secundario, afectando el metabolismo. La deficiencia de ACTH puede causar insuficiencia suprarrenal, una condición potencialmente mortal. La falta de ADH puede provocar diabetes insípida, caracterizada por sed intensa y micción excesiva. En algunos casos, puede haber una producción excesiva de prolactina (hiperprolactinemia).
Las alteraciones hormonales pueden desencadenar trastornos hidrominerales severos. La hiponatremia (niveles bajos de sodio en sangre) es una complicación particularmente importante y potencialmente grave asociada al hipopituitarismo secundario, como se vio en un caso de aracnoidocele selar grado III donde la hiponatremia severa llevó a convulsiones. Otros desequilibrios como la hipopotasemia (bajos niveles de potasio) también pueden presentarse.
Diagnóstico: Desvelando el Misterio con Imágenes y Pruebas
El diagnóstico de aracnoidocele selar o síndrome de silla turca vacía se basa principalmente en estudios de imagen. La resonancia magnética nuclear (RMN) es el método de elección, ya que permite visualizar con gran detalle la silla turca, la glándula hipófisis, el LCR y las estructuras circundantes. En una RMN típica, la silla turca aparece parcial o totalmente llena de LCR, con la hipófisis aplanada y desplazada. La tomografía axial computarizada (TAC) también puede mostrar una silla turca agrandada, pero es menos útil para visualizar la hipófisis y el LCR con el detalle que ofrece la RMN.
Además de las imágenes, es crucial evaluar la función de la glándula hipófisis, especialmente si hay síntomas sugestivos de trastornos hormonales. Esto se realiza mediante análisis de sangre para medir los niveles de las diversas hormonas hipofisarias y las hormonas controladas por ellas (como las tiroideas, cortisol, hormonas sexuales). Pruebas dinámicas, como la prueba de estimulación con TRH (hormona liberadora de tirotropina), pueden ayudar a diferenciar entre problemas en la hipófisis o en el hipotálamo (que controla la hipófisis), como es el caso al distinguir entre hipotiroidismo secundario y terciario.
Los electrolitos en sangre, como el sodio y el potasio, deben monitorearse, especialmente en pacientes con síntomas que sugieran desequilibrios hidrominerales o insuficiencia suprarrenal.
Manejo y Tratamiento: Abordando los Efectos del Aracnoidocele
Es fundamental entender que, en muchos casos, el aracnoidocele selar no requiere un tratamiento directo si es un hallazgo incidental y el paciente está asintomático y con función hipofisaria normal. En estas situaciones, a menudo solo se recomienda observación y seguimiento.
Cuando el aracnoidocele selar causa síntomas, el tratamiento se enfoca en manejar estos síntomas y corregir las deficiencias hormonales. Esto puede incluir:
- Terapia de reemplazo hormonal: Si la compresión ha llevado a hipopituitarismo, se administrarán las hormonas que la hipófisis ya no produce en cantidad suficiente. Por ejemplo, levotiroxina para el hipotiroidismo, hidrocortisona para la insuficiencia suprarrenal, hormonas sexuales, u hormona del crecimiento. Las dosis se ajustan cuidadosamente según las necesidades del paciente.
- Manejo de síntomas específicos: Como el tratamiento de dolores de cabeza, vértigo u otros problemas neurológicos.
- Corrección de desequilibrios electrolíticos: En casos de hiponatremia o hipopotasemia severa, como se vio en el caso de estudio, se requiere tratamiento inmediato con soluciones intravenosas (como soluciones hipertónicas de sodio) y suplementos de potasio para restaurar los niveles normales y prevenir complicaciones graves como convulsiones o arritmias cardiacas.
En raras ocasiones, si el aracnoidocele es muy grande y causa síntomas graves como compresión significativa del quiasma óptico que afecta la visión, o si hay fugas de LCR, se podría considerar una intervención quirúrgica. Sin embargo, la cirugía para descomprimir la silla turca o reparar el diafragma selar es poco común y se reserva para casos seleccionados donde los riesgos de la condición superan los de la intervención.
¿Qué Especialista Trata esta Condición?
El manejo del aracnoidocele selar y sus posibles complicaciones a menudo requiere un enfoque multidisciplinario. Los especialistas involucrados pueden incluir:
- Endocrinólogos: Son clave en la evaluación de la función hipofisaria y el manejo de las deficiencias hormonales.
- Neurólogos: Para evaluar y tratar síntomas neurológicos como dolores de cabeza, vértigo o mareos.
- Neuro-oftalmólogos: Si hay afectación visual.
- Neurocirujanos: Pueden ser consultados en casos raros donde se contemple una intervención quirúrgica por compresión de estructuras nerviosas o fugas de LCR.
La elección del especialista o el equipo dependerá de los síntomas predominantes y la severidad del cuadro clínico.
Preguntas Frecuentes
¿El aracnoidocele selar es grave?
En la mayoría de los casos, es un hallazgo incidental que no causa síntomas significativos y no requiere tratamiento directo. Sin embargo, en algunos pacientes, puede causar problemas si comprime la hipófisis o los nervios ópticos, llevando a trastornos hormonales, visuales o neurológicos que sí pueden ser graves y requerir manejo médico.
¿Qué síntomas puede causar?
Puede ser asintomático. Si causa síntomas, pueden incluir dolores de cabeza, vértigo, mareos, pérdida de audición, problemas de visión, y una amplia gama de síntomas relacionados con deficiencias hormonales, como fatiga, problemas de tiroides, alteraciones menstruales, problemas de crecimiento, o desequilibrios de sodio y potasio que, en casos severos, pueden llevar a convulsiones.
¿Cómo se diagnostica?
Principalmente mediante una resonancia magnética (RMN) del cerebro, que muestra la silla turca llena de LCR y la hipófisis comprimida. También se realizan análisis de sangre para evaluar la función hormonal de la hipófisis.
¿Cuál es el tratamiento para el síndrome de la silla turca vacía o aracnoidocele selar?
El tratamiento se dirige a los síntomas y las complicaciones, no necesariamente al aracnoidocele en sí mismo. Si hay deficiencias hormonales, se trata con terapia de reemplazo hormonal. Los desequilibrios electrolíticos se corrigen médicamente. La cirugía es rara y se considera solo en casos seleccionados de síntomas graves o compresión significativa de estructuras vitales.
¿Un aracnoidocele selar grado 2 causa síntomas?
La presencia de síntomas depende más de si la compresión afecta la función de la hipófisis o los nervios cercanos, que de un grado numérico específico. Un grado 2 implica un cierto nivel de ocupación y compresión, y podría o no causar síntomas. La evaluación clínica y hormonal es necesaria para determinar si hay afectación funcional.
El aracnoidocele selar y el síndrome de silla turca vacía son condiciones fascinantes que ilustran la delicada anatomía de la base del cráneo y la importancia de la glándula hipófisis. Aunque a menudo son hallazgos benignos, su potencial para causar trastornos complejos subraya la necesidad de una evaluación médica adecuada cuando se detectan o cuando aparecen síntomas sugestivos.
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