¿Qué terapia es buena para la artrosis?

¿Qué es la Poliartritis y Cómo Abordarla?

11/12/2015

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Cuando el dolor y la inflamación afectan a varias articulaciones al mismo tiempo, nos encontramos ante un escenario clínico conocido como poliartritis. Específicamente, hablamos de poliartritis cuando cinco o más articulaciones periféricas presentan signos de inflamación o dolor de instauración rápida e intensidad considerable, lo que implica la presencia de sinovitis. A diferencia de la artritis que afecta una única articulación (monoartritis) o pocas (oligoartritis, 2-4 articulaciones), la poliartritis presenta un desafío diagnóstico y terapéutico mayor debido a la multiplicidad de articulaciones involucradas.

En articulaciones que se encuentran más profundas, como el hombro o la cadera, el diagnóstico clínico puede ser un poco más complicado. En estos casos, la sospecha surge por la intensidad del dolor, su rápida aparición y la limitación significativa de los movimientos, a menudo acompañados de signos biológicos de inflamación detectables en análisis de laboratorio. Es crucial distinguir una verdadera poliartritis de otros cuadros que causan dolor en múltiples puntos del cuerpo, pero que no implican inflamación articular real, como tendinitis, miositis, neuropatías, enfermedades óseas o fibromialgia.

¿Qué terapia es buena para la artritis reumatoide?
TRATAMIENTOMedicamentos antiinflamatorios no esteroides . ...Esteroides. ...Medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad convencionales. ...Agentes biológicos. ...Medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad sintéticos y con diana específica.

El diagnóstico temprano de la artritis, y en particular de la poliartritis, es fundamental. En ocasiones, una poliartritis puede ser la primera señal de una enfermedad subyacente grave que, si se identifica y trata a tiempo, puede ser curable, como ocurre con ciertas artritis infecciosas. Por lo tanto, el médico de atención primaria juega un papel esencial en este reconocimiento inicial. El estudio de una poliartritis es complejo y se basa en una evaluación exhaustiva que incluye la historia clínica detallada, una exploración física minuciosa, pruebas de laboratorio y estudios de imagen como la radiología convencional. A pesar de estos esfuerzos iniciales, en muchos casos, el diagnóstico definitivo solo puede establecerse tras observar la evolución del cuadro clínico a lo largo del tiempo.

¿De que hablaremos?

El Proceso Diagnóstico Detallado

El camino hacia el diagnóstico de la poliartritis es una investigación meticulosa que busca desentrañar la causa subyacente de la inflamación articular. Este proceso se construye sobre varios pilares:

Anamnesis: La Historia del Paciente

La historia clínica es la piedra angular del diagnóstico. Una entrevista cuidadosa y objetiva con el paciente proporciona información crucial. El dolor es el síntoma principal, y es vital caracterizarlo: ¿Fue de inicio brusco (más común en artritis sépticas o por cristales) o gradual (más típico de conectivopatías)? ¿Empeora con el movimiento (sugiriendo origen mecánico) o predomina en reposo, con rigidez matinal prolongada (indicativo de inflamación)?

El patrón de distribución articular es otro dato esencial. Por ejemplo, la artritis reumatoide (AR) suele presentarse como una poliartritis simétrica y bilateral, afectando predominantemente las pequeñas articulaciones de manos y pies, y puede ser erosiva, llevando a deformaciones si se cronifica. En contraste, las espondiloartropatías (como la espondilitis anquilosante o la artritis psoriásica) tienden a afectar las articulaciones de forma asimétrica, con mayor frecuencia en las extremidades inferiores.

La artritis migratoria, donde la inflamación “salta” de una articulación a otra, es característica de condiciones como la fiebre reumática o la artritis gonocócica. También es importante indagar sobre otros síntomas sistémicos que acompañen a la poliartritis, como fiebre, fatiga, pérdida de peso, que pueden orientar hacia diagnósticos como artritis séptica, artritis reactiva, AR, lupus, vasculitis, o incluso cáncer.

Factores como hábitos sexuales (relevantes para artritis gonocócica o reactivas), antecedentes de diarrea (asociados a artropatías enteropáticas), afección ocular (uveítis en espondiloartropatías, queratoconjuntivitis seca en Sjögren), problemas cardíacos (fiebre reumática, espondiloartropatías, lupus) y manifestaciones cutáneas (psoriasis, eritema nudoso, erupciones lúpicas, pápulas de Gottron en dermatomiositis) son pistas valiosas que deben explorarse detalladamente durante la entrevista.

Exploración Física Exhaustiva

La exploración física permite al médico buscar signos objetivos que apoyen o refuten las sospechas surgidas durante la anamnesis. La piel y las mucosas son áreas de particular interés. La palidez puede indicar anemia asociada a enfermedades inflamatorias o como efecto secundario del tratamiento. La presencia de psoriasis cutánea es clave para el diagnóstico de artropatía psoriásica; se deben explorar áreas ocultas como cuero cabelludo, ombligo o genitales. Otras manifestaciones cutáneas como el eritema malar del lupus, las pápulas de Gottron de la dermatomiositis, o las úlceras orales y genitales del síndrome de Behçet son signos distintivos.

La exploración articular es indispensable. Evaluar la columna vertebral, las articulaciones periféricas (manos, pies, rodillas, hombros, caderas), las articulaciones temporomandibulares o esternoclaviculares puede revelar patrones específicos de afectación. La sinovitis simétrica en pequeñas articulaciones de manos (respetando interfalángicas distales) sugiere AR, mientras que la afectación asimétrica en extremidades inferiores con entesitis (inflamación de la inserción de tendones o ligamentos en el hueso) es más típica de las espondiloartropatías seronegativas. Las deformidades articulares, si existen, también proporcionan información sobre la cronicidad y el tipo de enfermedad.

Pruebas Complementarias: Laboratorio e Imagen

Una vez completada la evaluación clínica, se solicitan pruebas complementarias dirigidas a confirmar las sospechas diagnósticas.

Estudios de Laboratorio:

  • Reactantes de Fase Aguda: La velocidad de sedimentación globular (VSG) y la proteína C reactiva (PCR) son marcadores de inflamación, útiles para monitorizar la actividad de la enfermedad, aunque rara vez diagnósticos por sí solos.
  • Hemograma: Puede revelar anemia (frecuente en AR), leucopenia o trombocitopenia (sugiriendo lupus o toxicidad farmacológica), o eosinofilia (en síndrome de Churg-Strauss).
  • Análisis Bioquímicos: Generalmente de poca utilidad diagnóstica específica, pueden mostrar alteraciones hepáticas o renales asociadas a algunas enfermedades o a efectos secundarios de tratamientos. La hiperuricemia es clave en la gota.
  • Estudio Inmunológico: La detección de autoanticuerpos es crucial. El factor reumatoide (FR) y los anticuerpos antipéptido citrulinado cíclico (anti-CCP, no mencionado en el texto pero relevante en la práctica) son importantes en la AR. Los anticuerpos antinucleares (AAN) son positivos en casi todos los casos de lupus y otras conectivopatías; tipos específicos de AAN (anti-Sm, anti-ADN nativo) son más específicos de lupus. El HLA-B27 se asocia a espondiloartropatías. Los ANCA (anticuerpos contra citoplasma de neutrófilos) son útiles en el diagnóstico de vasculitis.
  • Serologías: Se buscan anticuerpos contra agentes infecciosos sospechosos de causar artritis reactivas (como Yersinia, Salmonella, Chlamydia).
  • Estudio del Líquido Sinovial: Si es posible obtener líquido de una articulación inflamada, su análisis (recuento celular, búsqueda de cristales y gérmenes) es fundamental para clasificar la artritis (inflamatoria, séptica, por cristales) y a veces identificar la causa (artritis séptica, gota, pseudogota).

Técnicas de Imagen:

Aunque la radiología convencional puede mostrar signos tardíos (erosiones, estrechamiento del espacio articular, anquilosis), es menos útil en fases iniciales, excepto en algunos casos como artritis infecciosas o condrocalcinosis. Otras técnicas como la ecografía (para partes blandas, derrames), la tomografía axial computarizada (TAC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) son valiosas para evaluar el daño articular, la inflamación sinovial o la afectación de tejidos periarticulares.

Principales Causas de Poliartritis

El diagnóstico diferencial de la poliartritis es amplio. Las causas más frecuentes y relevantes que deben considerarse incluyen:

  • Enfermedades Inflamatorias Difusas del Tejido Conectivo: Aquí se incluyen la Artritis Reumatoide (AR), el Lupus Eritematoso Sistémico (LES), la Esclerosis Sistémica (ES), la Dermatomiositis/Polimiositis (DM/PM), la Enfermedad Mixta del Tejido Conectivo (EMTC) y el Síndrome de Sjögren.
  • Espondiloartropatías: Grupo que incluye la Espondilitis Anquilosante (EA), la Artritis Reactiva, la Artropatía Psoriásica y la Artropatía asociada a Enfermedad Inflamatoria Intestinal.
  • Artritis Cristalinas: Principalmente la gota (por cristales de urato monosódico) y la pseudogota (por cristales de pirofosfato cálcico), que aunque típicamente causan monoartritis, pueden manifestarse como poliartritis.
  • Artritis Infecciosas: Causadas por bacterias (como el gonococo), virus (hepatitis B, VIH), u otros patógenos.
  • Otras Afecciones: Anemia drepanocítica, leucemias, hipotiroidismo, hemocromatosis, eritema nudoso, sarcoidosis, enfermedad de Still del adulto, vasculitis, enfermedad de Lyme, entre otras.

Dada esta diversidad, la correlación de los hallazgos clínicos, de laboratorio y de imagen es fundamental para afinar el diagnóstico.

Opciones de Tratamiento para la Poliartritis

El tratamiento de la poliartritis depende directamente de la causa subyacente identificada. Sin embargo, existen medidas generales y enfoques farmacológicos comunes para controlar la inflamación, el dolor y prevenir el daño articular.

Medidas Generales:

Incluyen la combinación adecuada de reposo (para reducir la inflamación aguda) y ejercicio (para mantener la movilidad y prevenir rigidez), la aplicación de calor o frío en las articulaciones afectadas, hidroterapia y el uso de férulas u ortesis para dar soporte y corregir posturas.

Tratamiento Farmacológico:

  • Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs): Son el primer escalón para controlar el dolor y la inflamación de forma sintomática. Actúan rápidamente, pero no modifican el curso de la enfermedad subyacente.
  • Corticoides: Muy eficaces para controlar la inflamación, especialmente en brotes agudos. Sin embargo, su uso crónico o a dosis altas conlleva importantes efectos secundarios, por lo que su indicación debe ser cuidadosa y basada en la relación riesgo/beneficio.
  • Fármacos Antirreumáticos de Acción Lenta (FARALs): Son la base del tratamiento en muchas poliartritis inflamatorias crónicas, como la AR. A diferencia de los AINEs y corticoides, los FARALs buscan controlar la progresión de la enfermedad y prevenir el daño articular. Tienen una latencia terapéutica (tardan semanas o meses en hacer efecto) y requieren monitorización por sus posibles efectos secundarios. Ejemplos incluyen metotrexato (a menudo de primera elección en AR y artritis psoriásica), sulfasalazina (útil en espondiloartropatías y artritis psoriásica), antipalúdicos (cloroquina, hidroxicloroquina, en LES y Sjögren) y sales de oro (menos usadas actualmente).
  • Inmunosupresores: Se utilizan en casos más graves o resistentes a FARALs, o cuando hay afectación extraarticular significativa. Actúan suprimiendo el sistema inmune. Ejemplos son azatioprina, ciclofosfamida y ciclosporina A.
  • Terapias Biológicas: Fármacos de última generación, dirigidos a bloquear moléculas específicas del sistema inmune implicadas en la inflamación. Han revolucionado el tratamiento de la AR y las espondiloartropatías agresivas o refractarias a otros tratamientos (ej. etanercept, infliximab).
  • Otros Fármacos: La colchicina es fundamental en el tratamiento de la gota. La terapia intraarticular con corticoides puede ser útil para controlar la inflamación en una o pocas articulaciones específicas que no responden al tratamiento sistémico.

Preguntas Frecuentes sobre la Poliartritis

¿Qué diferencia hay entre artritis y poliartritis?
La artritis es la inflamación de una articulación. La poliartritis se refiere específicamente a la inflamación que afecta a cinco o más articulaciones al mismo tiempo.
¿Cuáles son los síntomas principales de la poliartritis?
Los síntomas clave son dolor, hinchazón, rigidez (especialmente matutina), calor y dificultad para mover las articulaciones afectadas. A menudo se acompañan de síntomas generales como fatiga o fiebre, dependiendo de la causa.
¿Todas las poliartritis son iguales?
No. La poliartritis puede ser causada por diversas enfermedades, cada una con características distintas en cuanto a qué articulaciones afecta, si es simétrica o asimétrica, si es migratoria, y si se acompaña de otros síntomas fuera de las articulaciones. El diagnóstico de la causa es crucial para el tratamiento.
¿Cómo se diagnostica la causa de la poliartritis?
El diagnóstico se basa en una evaluación completa que incluye la historia clínica detallada del paciente, una exploración física minuciosa, análisis de sangre (buscando marcadores de inflamación, autoanticuerpos, etc.), análisis del líquido sinovial si es posible, y estudios de imagen como radiografías, ecografías o resonancias magnéticas.
¿Tiene cura la poliartritis?
Depende de la causa. Algunas poliartritis, como ciertas artritis infecciosas o reactivas, pueden curarse con el tratamiento adecuado. Otras, como la artritis reumatoide o las espondiloartropatías, son enfermedades crónicas que no tienen cura, pero pueden controlarse eficazmente con tratamiento para reducir la inflamación, aliviar el dolor, prevenir el daño articular y mantener la calidad de vida del paciente.

En conclusión, la poliartritis es una manifestación clínica compleja que requiere un abordaje diagnóstico sistemático para identificar su causa subyacente. Un diagnóstico preciso y oportuno es esencial para implementar el tratamiento más adecuado, que puede variar desde medidas generales y fármacos antiinflamatorios hasta terapias más específicas y avanzadas como los FARALs, inmunosupresores o terapias biológicas, con el objetivo de controlar la inflamación, aliviar los síntomas y preservar la función de las articulaciones afectadas.

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