03/02/2017
Sentir angustia es una experiencia humana común, especialmente al enfrentar desafíos significativos en la vida o situaciones de enfermedad. Si bien es normal experimentar momentos de preocupación o tristeza, la angustia que resulta difícil de manejar puede afectar profundamente nuestra calidad de vida. Afortunadamente, existen diversas estrategias y recursos que pueden ayudarte a navegar estos sentimientos y recuperar el control de tu bienestar emocional. Es fundamental recordar que no estás solo en esto y que buscar ayuda es un signo de fortaleza.
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La participación activa en el manejo de tus emociones es un paso poderoso. Aunque aprecies la atención de los profesionales de la salud, tomar un rol más protagónico en cómo te sientes puede marcar una gran diferencia. Sin embargo, la angustia a veces puede sentirse abrumadora e imposible de manejar por cuenta propia. En esos momentos, es crucial comunicarte con tu equipo de atención médica o buscar el apoyo de un profesional. Cada persona es única, y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. Colaborar con expertos te permitirá encontrar el enfoque más adecuado para tu situación particular.

Estrategias Clave para Afrontar la Angustia
A lo largo de los años, expertos en salud y bienestar han identificado una serie de acciones que pueden ser muy beneficiosas para manejar la angustia, así como algunas que es mejor evitar. Conocer estas pautas puede proporcionarte una hoja de ruta valiosa en tu camino hacia la calma y el equilibrio emocional.
Qué Hacer Cuando Sientes Angustia
Una de las primeras acciones recomendadas es confiar en los métodos que te han sido útiles en el pasado para resolver problemas o enfrentar crisis. Si ciertas técnicas de relajación, actividades o personas te brindaron consuelo antes, es probable que vuelvan a ser efectivas. La experiencia previa es un recurso valioso.
Es vital reconocer que casi todas las personas necesitan contar con una red de apoyo. Busca a alguien de confianza con quien te sientas cómodo para hablar sobre tus sentimientos o la situación que te causa angustia. Compartir tus preocupaciones puede aligerar la carga y ofrecer nuevas perspectivas.
En momentos en que prefieres no hablar, las técnicas de relajación, la meditación, escuchar música tranquila u otras actividades que te resulten tranquilizadoras pueden ser de gran utilidad. Experimenta con diferentes opciones hasta encontrar la que mejor se adapte a ti en ese momento. La clave es hacer lo que te haya funcionado antes. Si lo que solía ayudarte ya no tiene el mismo efecto, no dudes en explorar otros métodos o, lo que es más importante, buscar la ayuda de un profesional.
Afrontar las situaciones difíciles “un día a la vez” es una estrategia poderosa. Intenta dejar de lado las preocupaciones excesivas sobre el futuro lejano. Dividir el desafío en partes más pequeñas y manejables para cada día puede hacerlo sentir menos abrumador. Este enfoque también te permite concentrarte en aprovechar al máximo el presente, a pesar de las dificultades.
Considera unirte a grupos de apoyo o de autoayuda si sientes que te hacen bien. Estos espacios ofrecen un entorno seguro para compartir experiencias con personas que atraviesan situaciones similares. Sin embargo, si un grupo no te ayuda a sentirte mejor, no hay obligación de quedarte; busca otras opciones.
Si tu angustia está relacionada con una enfermedad o tratamiento médico, es fundamental encontrar un médico en quien confíes y con quien te sientas libre de hacer todas las preguntas que desees. Asegúrate de que exista un sentimiento mutuo de confianza y respeto. Insiste en ser un socio activo en tu propio tratamiento. Pregunta sobre los posibles efectos secundarios que debes esperar y prepárate mentalmente para lidiar con ellos. Los problemas a menudo son más fáciles de manejar cuando se anticipan y se tienen planes para abordarlos si ocurren.
Para muchas personas, explorar prácticas espirituales y religiosas, como la oración, que les hayan sido útiles en el pasado puede brindar consuelo significativo. Si no te consideras una persona religiosa o espiritual, busca apoyo en cualquier sistema de creencias o valores que aprecies. Esto puede proporcionarte un sentido de significado y consuelo durante una crisis.
Mantener un registro personal detallado puede ser una herramienta valiosa, especialmente en el contexto de una enfermedad. Anota información sobre tus médicos, fechas de tratamientos, resultados de laboratorio, estudios de imagen, síntomas, efectos secundarios, medicamentos y tu condición médica general. Contar con esta información organizada te empodera al tener un panorama claro de tu situación.
Si sientes la necesidad de expresar tus emociones sin censura, escribir un diario personal puede ser extremadamente útil. Te permite desahogarte, procesar tus sentimientos y asimilar la situación que estás viviendo. Te sorprenderá cuán terapéutico puede ser este simple acto.
Qué No Hacer Cuando Sientes Angustia
Así como hay acciones que ayudan, hay otras que pueden ser perjudiciales. Es importante identificarlas para evitarlas.
Evita creer que una situación difícil, como una enfermedad grave, es sinónimo de muerte. La realidad es que millones de personas superan o conviven con enfermedades crónicas, llevando vidas plenas. Mantener una perspectiva realista basada en la información actual es clave.
No te culpes pensando que tú provocaste tu situación difícil o enfermedad. En el caso de enfermedades como el cáncer, no existe prueba científica que asocie personalidades, estados emocionales o eventos dolorosos específicos con su aparición. Incluso si ciertos hábitos aumentaron un riesgo (como fumar), culparse o castigarse a uno mismo nunca es de ayuda y solo añade más angustia.
No sientas culpa si no puedes mantener una actitud positiva todo el tiempo. La idea de que "es necesario ser positivos para combatir las dificultades" no es del todo cierta y puede generar presión innecesaria. Es natural y humano tener momentos de desánimo o tristeza, independientemente de cuán bien estés afrontando la situación. No hay evidencia de que estos momentos tengan un efecto negativo en tu salud física. Sin embargo, si estos sentimientos se vuelven frecuentes, intensos o interfieren con tu vida diaria, es un indicador claro de que necesitas buscar ayuda.
No sufras en silencio. No intentes cargar con todo solo. Busca el apoyo de familiares, amigos, profesionales de la salud, líderes religiosos o personas que hayas conocido en grupos de apoyo. Rodearte de personas que se interesan por tu bienestar y que te brindan ánimo y apoyo te permitirá sobrellevar mejor la situación y cuidarte.
No sientas vergüenza de buscar el consejo de un experto en salud mental si la ansiedad o la depresión que sientes interfieren con tu sueño, hábitos alimentarios, capacidad para concentrarte o funcionar normalmente. Si crees que tu angustia está fuera de control, un profesional puede ofrecerte las herramientas necesarias para recuperarlo.
No ocultes tus preocupaciones o síntomas (físicos o psicológicos) a las personas más cercanas a ti, especialmente si estás lidiando con una enfermedad. Pedir a un ser querido que te acompañe a citas médicas y hablar sobre tu tratamiento puede ser muy beneficioso. Las investigaciones muestran que las personas a menudo no escuchan o entienden completamente la información cuando están muy ansiosas. Una amistad cercana o familiar de confianza puede ayudarte a entender y recordar esta información, así como a asegurar que informes a tu equipo médico sobre cualquier cambio o inquietud. Además, pueden ofrecer apoyo práctico, como ayudarte a llegar a casa después de una consulta o prueba.
Si estás recibiendo tratamiento convencional para una enfermedad, no abandones tu tratamiento por completo en favor de una terapia alternativa sin consultar a tu médico. Si decides explorar tratamientos no indicados por tu médico, procede con extrema precaución y solo con aquellos de los que tengas certeza que no te perjudicarán. Investiga si dicho tratamiento es seguro y si puede usarse como terapia complementaria (junto con tu tratamiento habitual) para mejorar tu calidad de vida. Es fundamental informar a tu médico sobre cualquier terapia complementaria que estés usando, ya que algunas pueden interactuar negativamente con tratamientos como la quimioterapia o la radioterapia. Habla sobre los beneficios y riesgos de cualquier tratamiento alternativo o complementario con alguien en quien confíes y que pueda evaluarlos de manera objetiva, ya que el estrés puede dificultar tu propia objetividad. Los enfoques psicológicos, sociales y espirituales suelen ser seguros y muy útiles, y la mayoría de los médicos apoyan su uso como complemento.
Otras Vías de Apoyo para Manejar la Angustia
Más allá de las estrategias personales, existen recursos y servicios que ofrecen apoyo estructurado para la angustia.
Grupos de Apoyo y Consejería
Encontrar y asistir a un grupo de apoyo puede aliviar significativamente los sentimientos de angustia. Ofrecen un espacio para compartir experiencias, recibir apoyo emocional y obtener educación sobre cómo manejar tu situación. También pueden ayudarte a encontrar recursos comunitarios. Si un grupo de apoyo no está disponible o no sientes que sea adecuado para ti, un trabajador social puede ayudarte a explorar otras opciones.
La consejería, ya sea grupal o individual, puede ser una excelente opción dependiendo de los problemas que estén causando la angustia. Los grupos de apoyo o la consejería pueden ayudarte a:
- Ajustarte a una enfermedad o situación difícil.
- Manejar problemas familiares.
- Tomar decisiones sobre tratamientos.
- Abordar la preocupación sobre la calidad de vida.
- Adaptarte a cambios en tu cuidado o rutina.
- Tomar decisiones sobre atención médica futura (como directivas anticipadas).
- Manejar situaciones de abuso o negligencia.
- Mejorar la comunicación y las habilidades de afrontamiento.
- Lidiar con cambios en la autoimagen física y sexual.
- Procesar el duelo y el luto.
- Abordar asuntos culturales.
- Encontrar apoyo para la persona encargada de tu cuidado o prepararla para esa función.
A veces, la angustia se ve agravada por problemas prácticos y cotidianos. Un trabajador social puede ser un recurso invaluable para ayudarte a ti y a tu familia a manejar estas cuestiones. Pueden conectar a las personas con agencias comunitarias, enseñar métodos de resolución de problemas, ayudar a conseguir la atención necesaria y ofrecer referencias a grupos de apoyo.
Algunos problemas prácticos con los que los servicios sociales pueden ayudar incluyen:
- Problemas de transporte relacionados con la enfermedad (ej. ir a citas, costos de estacionamiento, alojamiento si viajas).
- Preocupaciones económicas.
- Problemas laborales o escolares.
- Costos y preparación de alimentos.
- Necesidad de ayuda con actividades cotidianas.
- Diferencias culturales o barreras de idioma.
- Encontrar ayuda para tu familia y cuidadores.
Relajación, Meditación y Terapias Creativas
Las terapias y actividades diseñadas para promover la relajación son a menudo muy efectivas para aliviar la angustia. Esto incluye ejercicios de respiración, yoga, atención plena (mindfulness), meditación, masajes e imágenes guiadas. Las terapias creativas como el arte, la danza y la música también han demostrado ser útiles en situaciones estresantes. La terapia asistida con animales (terapia con mascotas) es otra opción que algunas personas encuentran reconfortante y beneficiosa.
Apoyo Espiritual
En momentos de crisis, muchas personas encuentran consuelo en hablar con alguien de su comunidad espiritual o religiosa. Muchos líderes religiosos han recibido capacitación para ofrecer consejería pastoral a personas que enfrentan dificultades. Este tipo de apoyo es importante porque una crisis puede llevar a cuestionar la fe o a depender más de ella.
Ejercicio Físico
El ejercicio moderado no solo es seguro para la mayoría de las personas, sino que también puede ayudar a mejorar el estado de ánimo y reducir la angustia. Se ha demostrado que ayuda con el cansancio, la ansiedad, la fuerza muscular y la salud cardiovascular. Incluso el ejercicio ligero, como caminar, puede ser beneficioso para mantenerse activo y saludable, especialmente en momentos de estrés. Es importante hablar con tu médico antes de comenzar un nuevo plan de ejercicio para asegurarte de que sea seguro y adecuado para tu condición. Ten en cuenta que, si bien el ejercicio puede ayudar a reducir la angustia leve a moderada, generalmente no es suficiente por sí solo para niveles de angustia moderados a intensos.
Servicios de Salud Mental
Los servicios de salud mental son cruciales para evaluar y tratar la angustia de moderada a grave. Este tipo de angustia puede estar relacionada con problemas emocionales o psiquiátricos preexistentes que se ven exacerbados por la situación actual. Algunos problemas que pueden dificultar el afrontamiento y que pueden ser abordados por profesionales de la salud mental incluyen:
- Depresión intensa.
- Demencia.
- Ansiedad generalizada.
- Ataques de pánico.
- Trastornos del estado de ánimo.
- Trastornos de la personalidad.
- Trastornos de adaptación.
- Abuso de sustancias.
Los profesionales de la salud mental utilizan diversas estrategias de consejería y psicoterapia para ayudarte a enfrentar tu situación. Comienzan identificando qué métodos te han funcionado bien en el pasado y buscan fortalecer tus mecanismos de afrontamiento existentes. Pueden ayudarte a comprender cómo experiencias pasadas pueden estar influyendo en tu capacidad actual para lidiar con la angustia. También pueden enseñarte técnicas de relajación y meditación específicas para el control de la angustia.
Medicamentos
En algunos casos, puede ser necesario recurrir a medicamentos para reducir la intensidad de la angustia. Esto puede ocurrir si la angustia es muy severa, si está relacionada con los efectos secundarios emocionales de otros medicamentos (como esteroides o analgésicos fuertes) o si hay síntomas graves asociados. Por ejemplo, los esteroides pueden causar cambios de humor, y altas dosis de opioides pueden generar confusión mental. En estos casos, pueden ser necesarios otros medicamentos para contrarrestar estos efectos.
Consultar con tu equipo de atención médica y un profesional de la salud mental es esencial para determinar si los medicamentos podrían ser útiles en tu caso. A veces, se recetan antidepresivos o ansiolíticos para reducir la angustia, mejorar el sueño y el apetito, y, en general, estabilizar el estado de ánimo. La decisión de usar medicamentos debe tomarse en conjunto con profesionales, considerando tu situación específica y necesidades.
Preguntas Frecuentes sobre el Manejo de la Angustia
¿Es normal sentir angustia?
Sí, es completamente normal sentir angustia, especialmente cuando se enfrentan situaciones desafiantes, cambios importantes o problemas de salud. Es una respuesta humana natural al estrés.
¿Cuándo debo buscar ayuda profesional para la angustia?
Debes buscar ayuda profesional si tu angustia es intensa, persistente, interfiere con tu vida diaria (sueño, alimentación, trabajo, relaciones) o si sientes que no puedes manejarla por tu cuenta. No esperes a que la situación empeore.
¿Los grupos de apoyo realmente ayudan?
Para muchas personas, sí. Los grupos de apoyo ofrecen un espacio seguro para compartir experiencias, sentirse comprendido y aprender estrategias de afrontamiento de otros que han pasado por situaciones similares. Pueden proporcionar un invaluable sentido de comunidad y validación.
¿Puedo usar terapias complementarias como la meditación o el yoga?
Sí, muchas terapias complementarias como la meditación, el yoga, la música o el arte pueden ser muy útiles para promover la relajación y reducir la angustia. Sin embargo, si estás recibiendo tratamiento médico, es importante informar a tu médico sobre cualquier terapia complementaria que estés considerando para asegurar que sea segura y compatible con tu tratamiento convencional.
¿El ejercicio ayuda a reducir la angustia?
Sí, el ejercicio moderado puede ser beneficioso para reducir los niveles de angustia y mejorar el bienestar general. Ayuda a reducir el estrés y puede mejorar el estado de ánimo. Sin embargo, para la angustia moderada a grave, el ejercicio por sí solo puede no ser suficiente y debe complementarse con otras estrategias o ayuda profesional.
¿Es un signo de debilidad necesitar ayuda para la angustia?
Absolutamente no. Buscar ayuda para la angustia es un signo de inteligencia, autoconciencia y fortaleza. Reconocer que necesitas apoyo y tomar medidas para obtenerlo demuestra un compromiso activo con tu propio bienestar.
Manejar la angustia es un proceso que a menudo requiere explorar diferentes enfoques y encontrar la combinación de estrategias que mejor funcione para ti. No tengas miedo de experimentar, buscar apoyo y comunicarte abiertamente con quienes te rodean y con los profesionales que pueden guiarte.
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