29/10/2021
El dolor es una condición muy común entre las personas mayores. Con el paso de los años, el cuerpo experimenta cambios y es más susceptible a desarrollar patologías que cursan con dolor. Esta alta prevalencia del dolor lleva a un uso frecuente de medicamentos en esta población, y es fundamental saber cómo manejarlos de forma segura y eficaz, especialmente los analgésicos no opioides, que son la primera línea de tratamiento en muchos casos.

Sin embargo, el tratamiento del dolor en los ancianos presenta desafíos únicos. No se trata simplemente de aplicar las mismas dosis o los mismos fármacos que en adultos más jóvenes. La complejidad reside en varios factores intrínsecos de la edad avanzada.

- Factores Clave en el Manejo del Dolor en Ancianos
- El Impacto del Envejecimiento en los Fármacos: Farmacocinética Alterada
- Analgésicos No Opioides: Una Opción Fundamental
- Tipos Principales de Analgésicos No Opioides
- Paracetamol: El Pilar del Tratamiento
- Metamizol: Consideraciones Especiales
- AINEs: Cuándo y Cómo Usarlos con Cautela
- Riesgos de los AINEs en Ancianos
- Preguntas Frecuentes sobre el Dolor y su Tratamiento en Mayores
- ¿Cuál es el analgésico no opioide más seguro para empezar en un anciano?
- Si un anciano tiene problemas de riñón o hígado, ¿qué analgésico puede tomar?
- ¿Pueden los AINEs interferir con la aspirina que toma un anciano para el corazón?
- ¿Cuánto tiempo se puede tomar un AINE en la vejez?
- ¿Son los AINEs COXIB más seguros que los no selectivos en ancianos?
Factores Clave en el Manejo del Dolor en Ancianos
Gestionar el dolor en personas mayores es particularmente difícil debido a la presencia frecuente de múltiples enfermedades crónicas simultáneas, lo que conocemos como comorbilidades. Estas condiciones no solo pueden ser la fuente del dolor, sino que también afectan cómo el cuerpo procesa los medicamentos y cómo responde a ellos.
Otro factor determinante es la polifarmacia, es decir, el uso de varios medicamentos al mismo tiempo para tratar diferentes afecciones. Esto aumenta significativamente el riesgo de interacciones medicamentosas, donde un fármaco puede alterar el efecto de otro, o potenciar sus efectos secundarios. En el anciano, el riesgo de efectos secundarios adversos es generalmente mayor que en poblaciones más jóvenes.
Además, el dolor o su causa pueden manifestarse de forma atípica en las personas mayores, lo que complica su valoración y diagnóstico. A esto se suma la posible dificultad en la adherencia al tratamiento farmacológico. Si un medicamento produce efectos secundarios desagradables, si no alivia el dolor de manera efectiva, o si el anciano no cuenta con suficiente apoyo para recordar tomar la medicación correctamente, la adherencia puede verse comprometida, afectando el éxito del tratamiento.
El Impacto del Envejecimiento en los Fármacos: Farmacocinética Alterada
Con la edad, se producen cambios fisiológicos en todos los órganos y sistemas del cuerpo. Estos cambios, aunque varían entre individuos, modifican la forma en que el cuerpo maneja los medicamentos, un proceso conocido como farmacocinética. Comprender estas alteraciones es crucial para ajustar las dosis y seleccionar los fármacos adecuados.
La absorción de los fármacos, especialmente por vía oral, suele tener poca relevancia clínica en el anciano. Sin embargo, la absorción por vía subcutánea o intramuscular puede estar disminuida en presencia de atrofia muscular, malnutrición, deshidratación o problemas de circulación sanguínea. Esto puede hacer que una dosis inicial de un fármaco subcutáneo no sea tan efectiva, pero dosis repetidas podrían acumularse, aumentando el riesgo de toxicidad.
La distribución de los fármacos también se ve afectada. La proporción de masa corporal magra respecto al peso total disminuye con la edad, mientras que la grasa corporal puede aumentar relativamente. Los fármacos que se disuelven bien en grasa (lipofílicos) tienden a tener un mayor volumen de distribución, permaneciendo más tiempo en el cuerpo. Los fármacos que se disuelven en agua (hidrofílicos), como el paracetamol, pueden tener un volumen de distribución menor. Por ejemplo, una dosis única de morfina (lipofílica) puede alcanzar una concentración máxima más alta y disminuir más lentamente en un anciano. Además, una disminución en las proteínas plasmáticas circulantes, a las que muchos fármacos se unen, puede aumentar la proporción de fármaco 'libre' (no unido) en la sangre. Es el fármaco libre el que produce el efecto terapéutico, pero un aumento de su concentración también eleva el riesgo de reacciones adversas.
El metabolismo de los fármacos, principalmente en el hígado, también se ralentiza con el envejecimiento. Disminuye el número de células hepáticas funcionales, el flujo sanguíneo al hígado y la capacidad de metabolizar ciertas sustancias, especialmente a través del sistema del citocromo P450. Esto significa que los ancianos pueden necesitar más tiempo para metabolizar la misma dosis de un fármaco, lo que puede llevar a su acumulación si las dosis no se ajustan.
Finalmente, la excreción de los fármacos, que ocurre principalmente a través de los riñones, se reduce significativamente. La función renal disminuye con la edad, lo que se refleja en una menor tasa de filtración glomerular y un menor aclaramiento de creatinina. Esto implica que los fármacos y sus metabolitos tardan más en ser eliminados del cuerpo, requiriendo ajustes en la dosis y la frecuencia de administración para evitar la toxicidad.
Además de la farmacocinética, existen alteraciones farmacodinámicas, menos comprendidas, que afectan cómo el cuerpo responde a un fármaco a nivel celular y de órgano. La menor reserva homeostática del anciano y los cambios en los receptores o en la respuesta del órgano diana pueden influir en la sensibilidad a ciertos fármacos.
Analgésicos No Opioides: Una Opción Fundamental
Los analgésicos no opioides son la piedra angular en el tratamiento del dolor crónico de intensidad leve a moderada en personas mayores. También se utilizan en combinación con opioides para potenciar su efecto en dolor severo. Su mecanismo principal de acción es la reducción de la síntesis de prostaglandinas, sustancias que median el dolor y la inflamación, mediante la inhibición de las enzimas ciclooxigenasa (COX).
Estos fármacos son especialmente eficaces en el dolor nociceptivo, que es el causado por daño tisular, ya sea con o sin componente inflamatorio, y predomina en el dolor somático (músculos, huesos, piel). Una ventaja importante de los analgésicos no opioides es que, a diferencia de los opioides, no tienen un "techo" terapéutico definido en cuanto a analgesia (su efecto aumenta hasta cierta dosis, pero seguir subiendo no aumenta el alivio del dolor y sí los efectos secundarios) y, crucialmente, no desarrollan dependencia física.
Tipos Principales de Analgésicos No Opioides
Dentro de esta categoría, encontramos varios grupos:
- Analgésicos No Opioides No Antiinflamatorios: Incluyen el paracetamol (acetaminofeno) y el metamizol (dipirona). Actúan principalmente a nivel central, aunque su mecanismo exacto no está completamente dilucidado.
- AINEs No Selectivos de la COX: Este grupo es muy amplio e incluye fármacos muy conocidos como ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, indometacina, entre otros. Inhiben tanto la COX-1 como la COX-2.
- AINEs Altamente Selectivos de la COX-2 (COXIBs): Ejemplos son celecoxib y etoricoxib. Inhiben preferentemente la enzima COX-2, que se asocia más con la inflamación y el dolor, con la intención de reducir los efectos secundarios gastrointestinales asociados a la inhibición de la COX-1.
La elección entre estos grupos y dentro de cada grupo depende de la intensidad y naturaleza del dolor, las comorbilidades del paciente, el riesgo de efectos secundarios y las posibles interacciones con otros medicamentos.
Paracetamol: El Pilar del Tratamiento
El paracetamol es, sin duda, el analgésico de primera elección para iniciar y mantener el tratamiento del dolor persistente de intensidad leve a moderada en ancianos, especialmente en el dolor musculoesquelético. Su popularidad se debe a su perfil de eficacia y seguridad relativamente favorable en comparación con otros analgésicos.
Funciona bien tanto como analgésico principal como coanalgésico, lo que significa que puede usarse junto con opioides para aumentar su efectividad y permitir el uso de dosis más bajas de estos, reduciendo así sus efectos secundarios.
El paracetamol se metaboliza en el hígado y se elimina por los riñones. Aunque la farmacocinética puede verse alterada en ancianos, especialmente en aquellos con fragilidad, generalmente se considera seguro en pacientes con insuficiencia cardíaca o renal leve a moderada, y no interfiere con los anticoagulantes orales, lo cual es una ventaja importante en una población que frecuentemente toma este tipo de medicación.
En personas mayores, la absorción oral del paracetamol es rápida y completa. Sin embargo, el volumen de distribución, al ser un fármaco hidrofílico, disminuye con la edad y en las mujeres. El aclaramiento del paracetamol se reduce en el adulto mayor, y esta reducción es aún mayor en el anciano frágil, lo que aumenta su vida media en el cuerpo. Esto hace que su farmacocinética sea menos predecible en este grupo.
Existe preocupación por el riesgo de hepatotoxicidad del paracetamol, especialmente en ancianos frágiles. Factores como el alcoholismo crónico, dosis elevadas (mayores de 4 g/día), enfermedad hepática preexistente, uso de inductores de enzimas hepáticas (ciertos medicamentos) y la malnutrición aumentan este riesgo. La malnutrición, común en la fragilidad, puede reducir las reservas de glutatión, una sustancia necesaria para detoxificar un metabolito potencialmente dañino del paracetamol (NAPQI).
A pesar de estas preocupaciones, algunos estudios sugieren que los ancianos frágiles hospitalizados podrían ser menos susceptibles a cambios en los marcadores de función hepática con dosis terapéuticas (3-4 g/día) en comparación con los no frágiles, quizás porque generan menos del metabolito tóxico por vía oxidativa. No obstante, la recomendación general es ajustar la dosis en presencia de insuficiencia hepática o renal.
Para minimizar el riesgo de hepatotoxicidad, se recomienda limitar la dosis máxima diaria de paracetamol, especialmente en pacientes con factores de riesgo como malnutrición o uso de inductores enzimáticos. En estos casos, la dosis máxima podría limitarse a 2-3 g/día.
Metamizol: Consideraciones Especiales
El metamizol (dipirona) es otro analgésico no opioide utilizado en España por sus efectos analgésicos, antipiréticos y antiespasmódicos. Sin embargo, su uso está restringido o prohibido en varios países debido al riesgo de efectos adversos graves, como la agranulocitosis (una disminución drástica de un tipo de glóbulos blancos) y el shock anafiláctico, aunque la incidencia real de estos eventos es objeto de debate.
En personas mayores, el metamizol tarda más en eliminarse del cuerpo, pero generalmente no requiere un ajuste específico de la dosis basado solo en la edad. Es importante tener en cuenta que el metamizol puede aumentar el efecto de los anticoagulantes orales al desplazar su unión a proteínas plasmáticas, lo que incrementa el riesgo de sangrado.
AINEs: Cuándo y Cómo Usarlos con Cautela
Los Antiinflamatorios No Esteroideos (AINEs) son útiles en ancianos cuando el paracetamol a dosis plenas no es suficiente para controlar el dolor, o cuando existe un componente inflamatorio importante. Los AINEs no selectivos (como ibuprofeno, naproxeno) y los COXIBs (selectivos de la COX-2, como celecoxib) son las opciones principales.
Los AINEs están contraindicados en varias situaciones comunes en ancianos, como úlcera péptica activa, insuficiencia renal crónica e insuficiencia cardíaca. También deben usarse con precaución en pacientes con hipertensión arterial, infección por Helicobacter Pylori o en aquellos que toman corticoides de forma habitual, ya que estos factores aumentan el riesgo de efectos secundarios, especialmente gastrointestinales.
En ancianos, se prefieren AINEs de vida media corta (los que se eliminan más rápido del cuerpo) para evitar la acumulación y se deben usar durante el menor tiempo posible, idealmente en ciclos cortos (inferiores a 3 meses según algunos criterios). Se deben evitar los AINEs de vida media larga (como naproxeno, piroxicam, indometacina), particularmente la indometacina, que se asocia con una mayor proporción de efectos adversos, tanto a nivel del sistema nervioso central como gastrointestinal.
La farmacocinética de los AINEs también puede verse alterada en el anciano. Se absorben bien y se unen en gran medida a proteínas plasmáticas. Pacientes con bajos niveles de albúmina (hipoalbuminemia), común en la malnutrición o enfermedades crónicas, pueden tener mayores concentraciones de fármaco libre. Algunos AINEs tienen una vida media más larga en ancianos que en jóvenes, aunque no siempre está claro si esto se traduce directamente en más efectos adversos.
Riesgos de los AINEs en Ancianos
El uso de AINEs en ancianos, aunque efectivo para el dolor y la inflamación, conlleva riesgos significativos que deben ser cuidadosamente evaluados.
Efectos Adversos Gastrointestinales (GI)
Los AINEs no selectivos pueden causar daño en la mucosa gástrica e intestinal, aumentando el riesgo de úlceras, sangrados y perforaciones. El riesgo es mayor que con paracetamol a dosis bajas. La combinación de AINEs con paracetamol a dosis altas también se ha asociado con un mayor riesgo de efectos adversos GI.
Aunque los COXIBs se desarrollaron para reducir el riesgo GI al inhibir preferentemente la COX-2, los resultados en la literatura son variables. En pacientes con alto riesgo gastrointestinal (antecedentes de sangrado, uso de anticoagulantes), los COXIBs pueden ser una opción preferible, pero a menudo se recomienda asociarlos con un inhibidor de la bomba de protones (IBP) para una mayor protección. En ancianos con riesgo GI medio o bajo, se puede usar un AINE no selectivo (como ibuprofeno, aceclofenaco o diclofenaco) junto con un IBP, o un COXIB sin IBP (a menos que tomen aspirina).
Efectos Adversos Cardiovasculares (CV)
Los AINEs pueden interferir con el efecto protector cardiovascular de la aspirina a dosis bajas. Además, pueden empeorar la insuficiencia cardíaca y aumentar la presión arterial. Por ello, en pacientes con enfermedad cardiovascular, los AINEs deben usarse a la mínima dosis eficaz y durante el menor tiempo posible.
Respecto a los COXIBs, varios estudios han sugerido un mayor riesgo de eventos cardiovasculares como cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular o mortalidad cardíaca. Por lo tanto, en pacientes con elevado riesgo cardiovascular, a menudo se prefiere un AINE no selectivo, aunque estos también tienen riesgos CV.
La interacción con la aspirina (AAS) para la prevención cardiovascular es relevante. Los COXIBs no tienen efecto antiplaquetario. Algunos AINEs no selectivos, como el ibuprofeno y el diclofenaco, pueden interferir con el efecto antiplaquetario de la AAS. Se recomienda evitar esta asociación si es posible. El naproxeno podría tener un perfil cardiovascular ligeramente mejor, aunque la evidencia no es sólida.
Efectos Adversos Renales
Los AINEs pueden afectar la función renal, causando insuficiencia renal por vasoconstricción, nefritis intersticial aguda o necrosis tubular aguda, especialmente en pacientes con problemas de circulación renal. También favorecen la retención de líquidos, lo que es peligroso en pacientes con hipertensión arterial, insuficiencia renal o insuficiencia cardíaca. El riesgo de insuficiencia renal es mayor en los primeros días tras iniciar el tratamiento con AINEs.
No se ha encontrado una diferencia clara en el riesgo de progresión a insuficiencia renal crónica entre AINEs selectivos y no selectivos en estudios a largo plazo.
En resumen, el uso de AINEs en ancianos requiere una evaluación cuidadosa de los riesgos gastrointestinales, cardiovasculares y renales de cada paciente, seleccionando el fármaco, la dosis y la duración del tratamiento de manera individualizada.
Preguntas Frecuentes sobre el Dolor y su Tratamiento en Mayores
Aquí respondemos a algunas dudas comunes sobre el manejo del dolor con analgésicos no opioides en personas mayores:
¿Cuál es el analgésico no opioide más seguro para empezar en un anciano?
El paracetamol es generalmente considerado la primera opción debido a su buen perfil de seguridad, especialmente en comparación con los AINEs. Tiene menos riesgo de efectos adversos gastrointestinales, cardiovasculares y renales, y no interfiere con la mayoría de los medicamentos para el corazón o la presión arterial. Sin embargo, es crucial ajustar la dosis en caso de insuficiencia hepática o renal y considerar el riesgo de hepatotoxicidad en pacientes malnutridos o que toman ciertos fármacos.
Si un anciano tiene problemas de riñón o hígado, ¿qué analgésico puede tomar?
En caso de insuficiencia renal o hepática, la elección y la dosis del analgésico deben ser evaluadas cuidadosamente por un médico. El paracetamol requiere ajuste de dosis en estas condiciones. Los AINEs están generalmente contraindicados en la insuficiencia renal crónica y deben usarse con extrema precaución en pacientes con insuficiencia cardíaca o hipertensión debido a su efecto en la retención de líquidos y la función renal. El metamizol también requiere precaución. La decisión dependerá del grado de la insuficiencia y de las demás condiciones del paciente.
¿Pueden los AINEs interferir con la aspirina que toma un anciano para el corazón?
Sí, algunos AINEs, como el ibuprofeno y el diclofenaco, pueden interferir con el efecto antiagregante plaquetario de la aspirina a dosis bajas, que se utiliza para prevenir eventos cardiovasculares. Esta interacción podría reducir el beneficio protector de la aspirina. Si un anciano necesita tomar aspirina para el corazón y un AINE para el dolor, se debe consultar al médico para evaluar las opciones y minimizar el riesgo de interacción. El naproxeno podría ser una alternativa con menor riesgo de esta interacción, aunque se necesita más evidencia.
¿Cuánto tiempo se puede tomar un AINE en la vejez?
Generalmente, se recomienda usar los AINEs durante el menor tiempo posible en ancianos debido al mayor riesgo de efectos secundarios. En algunos casos, se sugieren ciclos cortos, idealmente inferiores a 3 meses, siempre bajo supervisión médica. El uso crónico requiere una reevaluación periódica de los riesgos y beneficios.
¿Son los AINEs COXIB más seguros que los no selectivos en ancianos?
Los COXIBs fueron diseñados para ser más seguros para el estómago que los AINEs no selectivos. Sin embargo, los estudios han sugerido un posible aumento del riesgo cardiovascular con algunos COXIBs. La elección entre un COXIB y un AINE no selectivo en un anciano depende de un balance entre el riesgo gastrointestinal y el riesgo cardiovascular del paciente individual. En pacientes con alto riesgo GI, un COXIB (a menudo con IBP) puede ser preferible. En pacientes con alto riesgo CV, un AINE no selectivo puede ser considerado, aunque también con precaución.
En conclusión, el manejo del dolor en el anciano con analgésicos no opioides requiere un enfoque personalizado, teniendo en cuenta la fragilidad, las comorbilidades, la polifarmacia y las alteraciones en la farmacocinética y farmacodinámica asociadas a la edad. El paracetamol es el punto de partida, mientras que los AINEs, tanto selectivos como no selectivos, son herramientas valiosas pero que deben usarse con extrema cautela debido a sus potenciales efectos adversos graves, especialmente a nivel gastrointestinal, cardiovascular y renal.
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