20/02/2021
La vejiga neurogénica es una condición compleja que afecta la función normal de la vejiga, no como resultado de un problema inherente al órgano en sí, sino debido a daños en el sistema nervioso. Estos daños pueden ocurrir en diversas partes del sistema nervioso, desde el cerebro y la médula espinal hasta los nervios periféricos que controlan la vejiga y el tracto de salida urinario. Comprender esta disfunción es el primer paso para abordar sus síntomas y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.
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Esta disfunción puede manifestarse de dos formas principales: una vejiga flácida (hipoactiva), donde la vejiga se vuelve demasiado grande, tiene baja presión y carece de contracciones efectivas; o una vejiga espástica, donde el volumen puede ser normal o bajo y se producen contracciones involuntarias. Los síntomas resultantes son variados y pueden incluir incontinencia por rebosamiento, necesidad frecuente de orinar (polaquiuria), urgencia miccional, incontinencia de urgencia y dificultad para vaciar completamente la vejiga, lo que lleva a la retención urinaria. Abordar el tratamiento adecuado es crucial, ya que esta condición conlleva un riesgo significativo de complicaciones graves si no se maneja correctamente.

- Comprendiendo la Vejiga Neurogénica y sus Orígenes
- Síntomas y Complicaciones Clave de la Disfunción Vesical Neurogena
- El Proceso Diagnóstico de la Vejiga Neurogénica
- Opciones de Tratamiento: Un Enfoque Múltiple para la Vejiga Neurogénica
- Cuando la Cirugía es Necesaria en la Vejiga Neurogénica
- Preguntas Frecuentes (FAQs)
Comprendiendo la Vejiga Neurogénica y sus Orígenes
La raíz de la vejiga neurogénica reside en el daño neurológico que interrumpe la comunicación normal entre el cerebro, la médula espinal y la vejiga. Cualquier patología que afecte las vías nerviosas que controlan la micción puede ser una causa potencial. Las causas son diversas y pueden clasificarse según la parte del sistema nervioso afectada.
El sistema nervioso central (SNC) puede verse comprometido por afecciones como accidentes cerebrovasculares, lesiones traumáticas de la médula espinal (que a menudo resultan en flacidez inicial seguida de espasticidad o flacidez a largo plazo), meningomielocele, esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad de Parkinson o esclerosis múltiple. Estas últimas dos, junto con la sífilis, también pueden causar patrones mixtos de disfunción vesical, afectando tanto el SNC como los nervios periféricos.
Los nervios periféricos también pueden ser la fuente del problema. Neuropatías causadas por diabetes, alcoholismo o deficiencia de vitamina B12 pueden dañar los nervios que controlan la vejiga. Las hernias de disco o los daños nerviosos resultantes de cirugías pélvicas también pueden interrumpir estas señales vitales. A menudo, la vejiga neurogénica coexiste con una obstrucción preexistente del tracto urinario, como la causada por hiperplasia benigna de próstata, cáncer de próstata, impactación fecal o estenosis uretral, lo que puede agravar significativamente los síntomas existentes.
Síntomas y Complicaciones Clave de la Disfunción Vesical Neurogena
Los síntomas experimentados por un paciente con vejiga neurogénica dependen en gran medida del tipo específico de disfunción, ya sea flácida o espástica, y de la ubicación y gravedad del daño neurológico. En la vejiga flácida, el síntoma principal es la incontinencia por rebosamiento. Los pacientes retienen grandes volúmenes de orina debido a la falta de contracción vesical efectiva y experimentan pérdidas constantes y pequeñas de orina a medida que la vejiga se llena en exceso. La retención urinaria es una característica definitoria. En hombres, esta condición a menudo se asocia con disfunción eréctil.
Por otro lado, en la vejiga espástica, los síntomas son diferentes. Los pacientes pueden experimentar polaquiuria (micción frecuente), nicturia (micción nocturna) y, a menudo, presentan parálisis espástica y deficiencias sensoriales. La característica distintiva es la presencia de contracciones vesicales involuntarias e intermitentes que provocan pérdidas de orina y, si conservan la sensación, una fuerte urgencia miccional. Un problema común en la vejiga espástica es la falta de sinergia entre el músculo detrusor (la pared de la vejiga que se contrae para orinar) y el esfínter urinario externo (que debe relajarse). Esta disfunción coordinada, conocida como disinergia detrusor-esfínter, significa que el esfínter se cierra o se tensa mientras la vejiga intenta contraerse, impidiendo el vaciado completo y aumentando la presión dentro de la vejiga.
Las complicaciones de la vejiga neurogénica son graves y pueden poner en peligro la función renal y la vida del paciente si no se abordan. Las más comunes incluyen infecciones urinarias recurrentes debido al estancamiento de la orina y la formación de cálculos urinarios. La hidronefrosis (hinchazón del riñón debido a la acumulación de orina) con reflujo vesicoureteral (la orina regresa de la vejiga a los uréteres y riñones) puede ocurrir porque el gran volumen y la presión en la vejiga pueden ejercer presión sobre la unión entre la vejiga y los uréteres, causando disfunción y reflujo. En casos graves y prolongados, esto puede llevar a una nefropatía (daño renal).
Una complicación potencialmente mortal, especialmente en pacientes con lesiones de la médula espinal torácica alta o cervical, es la disreflexia autónoma. Este síndrome es una respuesta exagerada y no regulada del sistema nervioso simpático, desencadenada a menudo por la distensión aguda de la vejiga (retención urinaria) o del intestino (estreñimiento, impactación fecal). Los síntomas incluyen hipertensión maligna (presión arterial peligrosamente alta), bradicardia o taquicardia, cefalea intensa, piloerección (piel de gallina) y sudoración por encima del nivel de la lesión. Es una emergencia médica que requiere atención inmediata.
El Proceso Diagnóstico de la Vejiga Neurogénica
El diagnóstico de la vejiga neurogénica generalmente comienza con la sospecha clínica basada en los síntomas del paciente, su historial médico y la presencia de una afección neurológica subyacente. La evaluación inicial suele incluir algunas pruebas básicas para evaluar la función vesical y renal. Se mide el volumen residual posmicción, es decir, la cantidad de orina que queda en la vejiga después de intentar vaciarla. Un volumen residual elevado es un indicio clave de vaciado incompleto.
También se realiza una ecografía renal para buscar signos de hidronefrosis, lo que indicaría que la acumulación de orina en la vejiga está afectando a los riñones. Se mide la creatinina sérica en sangre para evaluar la función renal general. Para pacientes muy debilitados, ancianos frágiles o aquellos que no pueden participar activamente en pruebas más complejas, estos estudios iniciales pueden ser suficientes para guiar un manejo básico.
Sin embargo, para pacientes con hidronefrosis o signos de nefropatía que no están gravemente debilitados, o para aquellos en los que se busca un diagnóstico más preciso para planificar un tratamiento avanzado, se recomiendan estudios más detallados. Estos incluyen la cistografía, la cistoscopia y la cistometrografía junto con pruebas urodinámicas.
La cistografía es un estudio de imagen que evalúa la capacidad de la vejiga y detecta la presencia de reflujo vesicoureteral. La cistoscopia es un procedimiento que permite visualizar el interior de la vejiga y la uretra. Permite evaluar el grado de trabeculación (engrosamiento de la pared de la vejiga debido al esfuerzo prolongado para vaciarse), lo que da una idea de la duración y gravedad de la retención, y ayuda a identificar posibles obstrucciones en el tracto de salida.
La cistometrografía mide la presión dentro de la vejiga a medida que se llena. Puede determinar si el volumen y la presión de la vejiga son anormalmente altos o bajos. Si se realiza durante la fase de recuperación de una vejiga flácida después de una lesión medular, puede ayudar a evaluar la capacidad funcional del músculo detrusor y predecir las posibilidades de rehabilitación. Las pruebas urodinámicas, que a menudo combinan la cistometrografía con la medición de la velocidad del flujo urinario y la electromiografía del esfínter (EMG), son cruciales para evaluar la coordinación entre la contracción de la vejiga y la relajación del esfínter, identificando la disinergia detrusor-esfínter si está presente.
Opciones de Tratamiento: Un Enfoque Múltiple para la Vejiga Neurogénica
El pronóstico para los pacientes con vejiga neurogénica es generalmente bueno si la condición se diagnostica y trata de manera oportuna antes de que cause daño renal significativo. El tratamiento es multifacético y a menudo combina varias estrategias.
El tratamiento general incluye medidas para proteger los riñones y prevenir complicaciones. Se fomenta una ingesta elevada de líquidos para ayudar a diluir la orina y reducir el riesgo de infecciones urinarias y la formación de cálculos renales, aunque esta medida puede exacerbar temporalmente la incontinencia. Es fundamental el control regular de la función renal mediante análisis de sangre y la detección y tratamiento tempranos de las infecciones urinarias. Otras medidas importantes son la deambulación temprana (cuando es posible), los cambios frecuentes de posición para prevenir úlceras por presión y, en algunos casos, la restricción de la ingesta de calcio en la dieta para reducir el riesgo de cálculos.
Los tratamientos específicos se centran en mejorar el vaciado de la vejiga y controlar la incontinencia. Una de las piedras angulares del tratamiento, especialmente para la vejiga flácida o cuando hay retención, es el cateterismo. Se prefiere el cateterismo intermitente limpio (CIC) sobre el cateterismo permanente siempre que sea posible. El CIC implica vaciar la vejiga regularmente (varias veces al día) utilizando un catéter desechable. Esta técnica reduce el riesgo de infecciones recurrentes y otras complicaciones asociadas con los catéteres permanentes, como uretritis, periuretritis, abscesos prostáticos y fístulas uretrales en hombres. Para pacientes que no pueden realizarse autocateterismos (por ejemplo, debido a limitaciones físicas o cognitivas), puede ser necesario un cateterismo suprapúbico, donde el catéter se inserta directamente en la vejiga a través de la pared abdominal.
Para la vejiga espástica, el enfoque terapéutico depende de si el paciente tiene la capacidad de retener un volumen normal de orina entre las contracciones involuntarias. Aquellos que pueden retener un volumen adecuado pueden beneficiarse de técnicas para desencadenar la micción. Estas técnicas pueden incluir la aplicación de presión sobre la parte inferior del abdomen (presión suprapúbica o maniobra de Credé) o rascarse los muslos para estimular un reflejo de vaciado. En estos casos, los fármacos anticolinérgicos pueden ser eficaces para reducir la frecuencia y la intensidad de las contracciones vesicales involuntarias, aumentando así la capacidad de almacenamiento de la vejiga. Estos medicamentos actúan bloqueando las señales nerviosas que causan la contracción del músculo detrusor.

Los pacientes con vejiga espástica que no pueden retener volúmenes normales de orina a menudo se tratan de manera similar a aquellos con incontinencia de urgencia. Esto puede incluir el uso de diversos fármacos dirigidos a relajar la vejiga o aumentar la resistencia del esfínter. Además de la terapia farmacológica, la estimulación nerviosa sacra es una opción de tratamiento que implica implantar un dispositivo que envía impulsos eléctricos suaves a los nervios que controlan la vejiga para modular su actividad.
Cuando la Cirugía es Necesaria en la Vejiga Neurogénica
La cirugía se considera generalmente como el último recurso en el tratamiento de la vejiga neurogénica. Está indicada cuando los tratamientos conservadores no han sido efectivos para controlar los síntomas, prevenir complicaciones graves o si el paciente presenta un alto riesgo de sufrir secuelas agudas o crónicas severas. También puede ser necesaria si las circunstancias sociales del paciente, la espasticidad severa o la cuadriplejia impiden la realización efectiva del cateterismo intermitente o continuo.
Existen varias opciones quirúrgicas, cada una diseñada para abordar aspectos específicos de la disfunción. En hombres con disinergia detrusor-esfínter, una esfinterotomía (corte quirúrgico del esfínter urinario externo) puede convertir la vejiga en un conducto de drenaje más abierto, permitiendo que la orina fluya más libremente, aunque esto generalmente resulta en incontinencia permanente.
Otra opción para la vejiga espástica es la rizotomía sacra (corte de las raíces nerviosas sacras S3 y S4). Este procedimiento puede convertir una vejiga espástica en una vejiga flácida, lo que a menudo requiere cateterismo intermitente posterior, pero elimina las contracciones involuntarias y la disinergia.
La derivación urinaria es un procedimiento más complejo que redirige el flujo de orina lejos de la vejiga. Esto puede implicar la creación de un conducto ileal (usando un segmento del intestino delgado para crear un conducto que lleva la orina desde los uréteres a un estoma en la pared abdominal) o una ureterostomía (unir los uréteres directamente a la pared abdominal). Estos procedimientos se realizan típicamente cuando la vejiga está gravemente dañada, tiene una capacidad muy reducida o existe un alto riesgo de daño renal continuo.
Para ciertos pacientes seleccionados, la implantación de un esfínter artificial controlado mecánicamente es una opción. Este dispositivo se coloca quirúrgicamente alrededor de la uretra para proporcionar continencia y se desinfla manualmente para permitir la micción (o el cateterismo). Sin embargo, esta opción requiere que el paciente tenga una capacidad vesical adecuada, la capacidad de vaciar la vejiga (generalmente mediante cateterismo), suficiente destreza motora en los miembros superiores para operar el dispositivo y la capacidad de seguir instrucciones precisas. Si el paciente no cumple con estos criterios, el uso de un esfínter artificial puede llevar a situaciones que ponen en riesgo la vida, como insuficiencia renal o urosepsis.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
¿Qué es la vejiga neurogénica?
Es una disfunción de la vejiga causada por daño en el sistema nervioso que afecta su control, ya sea volviéndola flácida (hipoactiva) o espástica.
¿Cuáles son las causas principales de la vejiga neurogénica?
Puede ser causada por diversas afecciones neurológicas que afectan el cerebro, la médula espinal o los nervios periféricos, como accidentes cerebrovasculares, lesiones medulares, esclerosis múltiple, Parkinson, neuropatías (diabética, alcohólica) y hernias de disco.
¿Cuáles son los síntomas más comunes?
Los síntomas varían según el tipo (flácida o espástica). Pueden incluir incontinencia por rebosamiento, polaquiuria, urgencia, incontinencia de urgencia y dificultad para vaciar la vejiga (retención).
¿Qué riesgos existen si la vejiga neurogénica no se trata?
Los riesgos incluyen infecciones urinarias recurrentes, cálculos urinarios, reflujo vesicoureteral, hidronefrosis y, en casos graves, daño renal (nefropatía) y disreflexia autónoma en pacientes con lesiones medulares altas.
¿Cómo se diagnostica la vejiga neurogénica?
El diagnóstico se sospecha clínicamente y se confirma con pruebas como la medición del volumen residual posmicción, ecografía renal, análisis de creatinina sérica y, a menudo, estudios más especializados como cistografía, cistoscopia y pruebas urodinámicas.
¿Cuáles son los tratamientos principales?
El tratamiento incluye medidas generales como aumento de líquidos y control de infecciones, y tratamientos específicos como el cateterismo (intermitente o permanente), técnicas para desencadenar la micción, medicamentos (como anticolinérgicos) y, en algunos casos, estimulación nerviosa sacra.
¿Cuándo se utiliza el cateterismo?
El cateterismo es fundamental, especialmente para la vejiga flácida o cuando hay retención urinaria significativa. Se prefiere el cateterismo intermitente limpio para evitar complicaciones de los catéteres permanentes.
¿Cuándo se considera la cirugía?
La cirugía es un último recurso cuando los tratamientos conservadores fallan, existe un alto riesgo de complicaciones graves o las circunstancias impiden el manejo adecuado. Las opciones incluyen esfinterotomía, rizotomía sacra, derivación urinaria y esfínter artificial.
La vejiga neurogénica es una condición desafiante pero manejable con el diagnóstico y tratamiento adecuados. Un enfoque integral que combine medidas generales, terapias específicas y, cuando sea necesario, intervención quirúrgica, puede mejorar significativamente la calidad de vida y prevenir complicaciones graves.
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